Sobre el maestro que no lee.

 

Reflexión, de verdad. Reflexión pedagógica.

Es imprescindible sentir, ser para con el mundo, gestar espacios de vida, emoción y arte.

Pero los maestros tenemos que saber pensar, saber leer, saber que nada esta concluso.

Saber contenidos, leer mucho, hasta que nuestros ojos sean océanos. Leer hasta desconfiar de tanto que ese sea el hogar de nuestras certezas.

Aprender a sostener la mirada de un libro, la soledad de 100 páginas. Aprender arremeter contras la olas de la insidia, de la pereza, de la rutina.

Pensar y evolucionar nuestros marcos, nuestros horizontes de significado.

Un maestro que no lee más que comentarios de posts o blogs esta muerto. Terminantemente muerto.

Es un balbuceo penoso. Una mueca descompuesta. Un arrogante con un título que le queda grande.

Su cabeza no ejercita el saber profundo y se queda presa del pensamiento local, de la palabrita de abrojo, de la opinión vulgar y así queda preso de la moda, de la opinión y del mercadeo intelectual. Habla sin saber y opina igual que ese que jamás pisó un aula.

Leed maestros! Leed sin freno. Y no me refiero esta ofrenda poética que les arrojo. Me refiero a lecturas cuesta arriba, a libros que sean montañas, cuevas, acertijos, libro-plomo que nos obliguen a continuar. Libros de mar en tormenta, de amor saliendo por la puerta, libros de borde en cuchillo.

Libros cuya lectura no sea fácil, cuya lectura no sea un “lo entiendo todo perfectamente”. Porque la lectura es más una conquista que un paseo. Leer de paisaje es fácil, es cuestión de pasar por encima sin confrontar nuestras certezas. Pero leer para descubrirte otro, para sentirte amenazado en cada renglón es la auténtica cuestión que aquí nos atañe.

Un libro es una relación, es una forma de cuestionar nuestra identidad. ¿Acaso el libro ha de ser algo que me invita a decir lo que ya sé? ¿Acaso trato así a mis amistades?

Un libro es amor superlativo, con sus orejas abiertas y sus piernas de páginas abiertas de par en par en par… esperando de mi toda valentía y voluntad posible.

Todos abríamos de tener libros que nos desafiasen. Libros en la mesilla que nos susurren al pasar “Aún no me puedes”. Y sentir así el respeto por la lectura excelsa, por el sentirse arrodillado frente a ese maremoto de palabras, ideas y cometas que están por estallar.

Cuántos maestros, pedagogos, psicólogos han leído a Apple, a Giroux, a Mcintyre, Shopenhauer, Quintiliano, Ibn Tufayl, Freire, Adorno, Foucault, Habermas… Y cuánto han leído a autores influencers y otros tantas nimiedades editoriales que bajo la consigna comercial llenan las estanterías de las librerías desde las que hoy se confunden Pedagogía con autoayuda.

Bien está que eso pueda ser leído por quienes se acercan por primera vez a la reflexión y el pensamiento, pero ustedes…. o sea, nosotros…

El maestro que no se acerca a la historia, ni la política, ni tampoco a la Filosofía u otros discursos elaborados está condenado a convertirse en una herramienta al servicio del Totalitarismo.

No lo digo yo, lo dijo una mujer… Hanna Arendt.

No tiene twitter.

No publica con las editoriales molonas ni tiene mensaje populista.

Tampoco tiene un canal de youtube, ni usa colores en sus charlas.

No va a congresos educativos.

Busquen, igual … se convierte en influencer.

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Extraído del borrador de mi próximo libro “La educación de las luciérnagas”.
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La envidia nace cuando esperas que el otro deje de darse lo que tú no te das.

– Maestro; Me pasa que a veces vierto ira sobre aquellos que gozan de espontaneidad a mi lado. Me sucede que proyecto en voz de odio, palabras y pensares que buscan dolerles el alma…
 
¿Qué puedo hacer?
 
+ Procura amor querido mío.
 
Cada vez que sientas que en tu corazón se posa el ave de la envidia, cada vez que sientas que tu alma se llena de ojeras…
 
Recuerda: La envidia nace cuando esperas que el otro deje de darse lo que tú no te das.
 
Esperas que el otro bese el lodo y convierta en fango lo que tú vives escondido. Quieres convivir con sus bajezas porque no aceptas desplegar tus alas. Buscas que el otro repte, buscas que el otro no goce arboledas, y viva siempre con la cabeza baja y el corazón hundido.
 
Crees que su tristeza, te da alegría.
 
Pero no es así.
 
Cuando abrimos herida en un corazón ajeno y en nuestro sentir amanece una sonrisa, no estamos más que dándole escena al monstruo que hace años nos hirió.
 
Y cuando en nosotros brota una risa o carcajada nacida del dolor no propio, asoma en el fondo un llanto nuestro que nunca cesó.
 
Reír, a veces, es la ceguera de aquel que no dio lágrima a un dolor.
 
Por eso querido alumno, procura amor. Invierte tiempo y alegría en abrir las ventanas de tu alma sabiendo, que cuando niegas al otro estas borrándote a ti mismo.
 
Recuerda:
 
La envidia nace cuando esperas que el otro deje de darse lo que tú no te das.
 
El amor nace cuando comienzas a darte lo que esperas del otro.
 
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Ilustración : Claudia Tremblay
 
Extraído del borrador de mi libro “La Educación de las Luciérnagas”.
 
Próximamente en este 2019… Entra en http://www.mundoaladuria.com y suscríbete en la lista de correos para estar informado de su lanzamiento 🙂

No se puede educar en Felicidad.

Hemos de ser cautos en términos pedagógicos. Hemos de tratar la educación con dulzura y rigor, con seriedad y juego.
 
No se puede educar en Felicidad, ni tampoco en amor, ni tampoco en vida, ni tampoco en Alegría. Se puede educar DESDE pero nunca EN. Se educa lo que se es, desde aquello que se vibra. Se educa como relación entre dos mitades que se comparten y se entrelazan.
 
El marketin se aprovecha de la hendija emocional y psicologiza infantilmente espacios de conocimiento, aprendizaje y desarrollo. Pero la educación basada en clichés es de siempre un espacio que termina por ser del todo inútil y totalitario. El maestro no es un coach, ni un terapeuta, ni un animador, ni un amigo. El maestro es maestro. Palabras más que suficiente para autorizar su valía. Si en su proceso de vida le abrazó alguna terapia, bienvenida sea, más que nunca. Sobre todo en esta era de posverdades, de maltratos invisibles y espejismos. Pero la terapia la tiene que hacer en tal caso el maestro, y nunca el alumno. Nunca volcarle con carencias propias del adulto por resolver. Su discurso ha de versar sobre lengua, literatura, matemáticas, filosofía, narrativa y otras tantas ciencias y artes del ser.
 
No se puede educar para que el otro sea Feliz. Porque al fin y cabo feliz es una palabra del todo ignota y subjetiva, y en esencia una promesa histórica y narrativa llena de culpa. Porque además, el maestro no tiene que hacer que otro sea feliz, puede él serlo, si es su menester y deseo, pero no tiene el poder para hacer que el otro en su invalidez logre la felicidad. La misión de la educación no es “hacer” niños felices.
 
El maestro no es ni debe ser un superhéroe. No tiene la posibilidad de hacer feliz a nadie que no sea él mismo. Si en su camino consigue sacar una risa, un abrazo, un poema o una lágrima será más que mejor. Será más que hermoso que en su proceso de ser mejor persona logre crear hálitos de ilusión, sonrisa y brío. Pero sólo y siempre y cuando él lo sea primero. Y resulta que cuando uno ES no le hace falta más. “Lo que es, es y se esfuerza por perseverar”, nos recuerda Spinoza.
 
Al fin y al cabo, el ave no presume de volar ni de sus alas. Ningún ave tiene twitter, no necesita seguidores ni la necesidad de hacer volar a quién no es él. A las pequeñas crías la madre les acompaña en su camino de madurez y aprendizaje, pero no en su esencia ni en sus modos.
 
El maestro debe ser un señor o una señora sobre todo honrad@. Capaz de mirar con adultez y sabiduría, con disponibilidad y cautela. Con respeto y cariño, con caricia y colmillo si es preciso. Debe ser capaz de amar, en el abanico más sincero de la palabra y de ser un devorador de lecturas, ensayos, paseos y arte.
 
El maestro debe ser siempre una sombra envuelta en luz, un susurro en el camino que con su modo acompaña y alimenta las inquietudes propias del sujeto vespertino. Suave, como brisa, alejado de altavoz y griterío, de necesidades gritonas y carentes.
 
Un sujeto que cruzó desierto y tuvo su aprendizaje al no encontrar el agua prometida. Que no obtuvo la palmadita metafísica que su Dios interno le juró años antes.
 
El maestro debe ser capaz de mirarse pecho adentro y devolver con honradez los tesoros allí encontrados. Con ternura vulnerable de loba herida, bien sabiendo que al otro nada se le puede exigir más que el propio fulgor de su presencia.
 
Que el maestro haga reír si en vida hubo placeres.
Que haga soñar si su vida es linsonjera.
Qué provoque Aladurías si es así como su corazón palpita..
 
Que provoque alegría, si es capaz y así lo siente.
 
Que se entregue, al completo.
 
Que en su ademán de orilla fértil contagie tantas almas como pueda y provoque amor por el estudio, por el conocimiento, por la ciencia y las aves, por la familia y el paisanaje .. y por uno mismo… siempre por y desde uno mismo.
 
Pero que nunca sea un superhéroe.
 
Que nunca se crea tan importante que sin él el otro no pudo ser lo que es hoy en día. Que nunca se crea tan poderoso, tan imprescindible, tan especial.
 
Tan estulto.
Tan ciego.
E infantil.
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Notas sobre mi próximo libro : La educación de las luciérnagas… pronto amigos míos!
 

Pedagogías Naiv. No hemos inventado nada.

Foto cortesía de @PsicEduM
Una de las cosas que más que fastidian en mis diálogos educativos es el discurso común que hay en el eslogan de “Innovación Pedagógica”.

Nada de lo escuchado en los Congresos que he asistido hacía referencia a ningún tipo de propuesta nueva. Las propuestas o bien eran proyectos del estilo “Los niños necesitan creatividad” o bien eran de la forma “Educar por proyectos, aprendizaje activo, etc”.

Vivimos en un amnesia pedagógica impresionante. Donde hay mucha acción y poco pensar, poco libro, poca historia. Un egocentrismo vital que nos lleva a creer que hemos inventado la rueda pedagógica, cuando en realidad TODAS y cada una de las propuestas que se esconden en la pancarta de “Innovación Pedagógica” son copias de discursos mucho más antiguos. Llamar “Nuevas Pedagogías” a Waldorf, Método por proyectos o Montessori … por ejemplo.. es del todo una barbaridad.

NADA, absolutamente NADA* de lo que hagamos en educación es nuevo. De verdad, nada. Quizás ahora las pizarras son digitales y los niños aprenden con IPAD. *(hay ciertos discursos que si lo son, pero no aparecen en las redes sociales y aún son marginales).

Pero en esencia es lo mismo. Y aunque las clases se pongan en círculo (cosas que no es nueva) y el maestro no sea directivo (cosas que no es nueva) y ofrezca su lección a través del interés cotidiano del alumno (… tampoco es nuevo)… seguiremos copiando los mismos errores que hasta ahora.

Son muchos, seguro, los motivos sobre los que se sustentan la crisis educativa actual. Pero de entre las varias que se pueden citar sin duda para mí sería urgente la revisión existencial, emocional e intelectual del maestr@ y el ataque absoluto al best-seller educativo así como a las empresas que bajo el yugo del marketin nos siguen haciendo pensar que “más es mejor”.

El estudiante de Pedagogía no ha leído a Froebel, Pestolazzi, Quintiliano, Giroux, Rousseau, Steiner, Dewey… pero si a la horda de periodistas y best sellers que hablan sin fondo sobre el buen hacer pedagógico.

El otro día un Youtuber que hace vídeos de Psicología publicó uno titulado “¿Somos demasiado positivistas? Y el tipo (ultra mega positivista conductual-congitivista) no sabía que el Positivismo es un paradigma filosófico. El colega pensaba que es sinónimo de optimista. ¡ESTO ES MUY FUERTE! El tipo habla de cosas que ha leído por ahí y no se cuestiona absolutamente nada. Habla desde su punto fijo y critica todo discurso que no tenga que ver con su “verdad”. Total… que me resulta tremendamente peligroso que este tipo que tanto discute y “aconseja” sobre Psicología en su vida haya oído hablar sobre Compte o el origen de “la ciencia de la psicología”.

Mis queridos y amados Profesores y Catedráticos de la Universidad viven con resignación como el mercado se ha comido al pensamiento, al “Elogio y el amor por el Estudio”. Los alumnos no leen libros, solo ven vídeos o leen post y frases “aforísticas” que resumen en eslóganes una bandera desde la que afrontar la complejidad educativa.

Y todo son modas “chic” pero nadie ha leído a Derrida, Freire, Gadamer, Arendt, Zambrano, Foucoult y no sabe deconstruir el mensaje. Todo son modas pero no hay un pensamiento limpio y coherente, envuelto de Filosofía, Antropología e Historia.

Les comparto esta foto que publicó @PsicEduM en twitter hace unos días.

Escapar del marketin, del egocentrismo vital, del ombligo pedagógico es tarea fundamental. Dejar de creer que estamos haciendo algo nuevo, humildad, revisarnos, deconstruir el mensaje, invertir en formaciones experienciales que “nos transformen” y no solo que nos den títulos, créditos o más técnicas y aptitudes.

Dejar de hacer congresos de “Innovación Pedagógica” bajo estos términos de ceguera pedagógica.

Más Pensador@s. Más Filosofía e Historia.

Empezar a mirar la educación como un espacio dedicado al desarrollo de la sociedad, del niño, las familias. Dejar de mirarlo como espacio de marketin dedicado al desarrollo de las carencias del profesorado.

Porque si … “El hecho de hacer “trabajo por proyectos y aprender a trabajar grupo” habla más de las carencias de los profes que de las necesidades del alumno. Si el claustro supiera trabajar en grupo, no sería necesario educarlo de manera artificial y forzada”. Simplemente, sería normal y se contagiaría.

Además, bien sabemos los Pedagogos que “pesa más que pasivo que el activo de la razón”, y que si ese “aprendizaje” no es integrado por nosotros… tan solo crearemos contrasentidos y conductas mecánicas y fútiles”.

Leer, leer, leer, leer.

Formarse y trans-formarse.

Sinceridad, rigor, cariño y entrega.

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Foto cortesía de @PsicEduM