“Sé feliz, hijo mío. Sé tú mismo.”

Queremos que nuestros hijos sean libres, pero no hacemos más que enseñarles ventanas. Ventanas que nosotros nunca abrimos, ventanas que, en nuestro hogar, sólo se entornan. Ventanas grandes y lustradas, ventana limpias y aclaradas. Ventanas con alma de jaula, ventanas soga.

Ventanas que ya son pura moda del querer y no dar paso, ventanas de pared y ocaso. Ventanas mentira, ventanas de plástico encerrado, ventanas del tengo miedo al salto.

Queremos que vuelen alto, que sean valentía de arrojo en espuma y, al hacerlo, confundimos nuestra entrega.

Pues creemos que mostrar es enseñar, creemos que señalar es procurar huella, creemos que comprándoles lo último serán los primeros.

Creemos que, con sólo decirles valentía, ellos adentro la encenderán ¡Cómo si fuera tan simple el mecanismo del echarse a volar!

Y mientras, nuestras hebras, nos ven dentro de un eco somnoliento, de un pasar la vida mirándola a través de un cristal, a través de una ventana limpia y cuidada, de una jaula perfecta y justificada, a través de palabras llenas de miedo al mundo que hay tras ese cristal.

“Sé feliz y sé tú mismo.”- Les decimos convencidos de que, al decirlo, ellos, súbito, dentro de sí lo lograrán. “Sé feliz y sé tú mismo.” – Les decimos mientras señalamos caminos que nosotros no nos atrevemos a cruzar.

“Sé feliz, hijo mío. Sé tú mismo”…

El niño piensa y ve la escena: Ventanas limpias y cerradas, palabras que asoman senderos que nunca podré caminar. Aprendo, padres, del ejemplo de sus pasos y por ello yo también me quedaré parado por respeto, copia y/o lealtad.

“Soy feliz y soy yo mismo.” – se dice el padre mientras abandona antiguas quejas -.  Abriré las ventanas que no me atrevo a cantar, abriré los caminos que quiero para mí y, a través de mi salto, te enseñaré a volar … Así es como aprenderás la valentía de mí; del hombre que dejó de darle vueltas al pensar.

“Soy feliz y soy yo mismo.”

Sólo volando se enseña a volar.

La cultura del “soy suficiente”.

A: – Ahora mismo termino un master en Psicología Transgeneracional y empiezo otro de Pedagogía Waldorf.

B: -Vaya, qué bien. -le respondo – ¿Llevas muchos ya, no?

A:- Sí -me responde -Es mi cuarto master. Llevo toda mi vida estudiando.

B: -¡Ah! ¿Y para qué?

A: – No sé, la cosa está muy mal; mientras espero que llegue el trabajo me sigo formando. Cuanta más formación tenga más posibilidades tendré de encontrar un trabajo que me guste.

Mi amigo tiene 34 años, es licenciado en psicología y tiene cuatro masters. Como él tengo varios amigos más con un curriculum increíblemente extenso, pero al que no le han sacado el provecho que se supone que tenían que haberle sacado. Gente con una preparación increíble que no encuentran un espacio donde desarrollarse laboralmente.

¿A qué esperan? Me pregunto. Qué se necesita para salir al mundo a compartir lo que saben y lo que son. ¿Qué necesitan para sentir que ya son suficientes? Algo pasa, no hay duda. Algo se nos inculcó para creer que todavía no es el momento, que todavía tenemos que esperar a que otro algo suceda y así, y sólo así, podré definitivamente compartir lo que soy.

Esto sin duda es del todo un contrasentido. Nos pasamos la vida formándonos para dar un mejor servicio a los demás, para que nuestro trabajo sea “mejor” y lo más riguroso posible y esto nos lleva en realidad a terminar aislados y no compartir. Cómo puede ser que tengas tanta formación y no te atrevas a compartirla. ¿Para qué te formaste? ¿Solo para justificar tu inseguridad?

Porque quizás la cosa no esta en lo que has estudiado, sino en lo que haces con eso que has estudiado. Nuestro conocimiento siempre va a necesitar actualizarse, hemos de partir de esa idea para progresar. De no ser así vamos a estar siempre sintiendo que nos falta algo. Y terminamos por convertir el estudio en un escudo, en una barrera frente al mundo. En un pretexto para decir “no me atrevo a salir a jugar”.

Y es solo por miedo, por miedo a lo que puedan decir y pensar los demás. Quizás es también por un exceso de responsabilidad. Pero me resulta curioso que en esta época en la que hay tanta gente formada sin trabajo aparezcan por la otra cara profesiones donde no se precisa nada más que “lanzarse al mundo sin pensar demasiado”

Hace un año conocí la figura del Youtuber. No podía creer lo que veía y comencé a investigar. Chicos de entre 20 y 30 años que se dedican a jugar con su consola de videojuegos o a tratar sobre temas superficiales sin ninguna preparación. Ganan grandes cantidades de dinero por grabar lo que hacen en su intimidad y debo decir que algunos muestran un talento absolutamente increíble.

Antes de continuar me gustaría hablar de un concepto muy usado en Pedagogía1 y que tiene que ver con el “emergente” del grupo. Es decir, cuando algo emerge dentro de una clase, eso que pasa es algo que el grupo necesita expresar y lo hace a través de un individuo. En el aula, cuando un alumno hace un chiste en clase, suele ser porque la clase necesita ese chiste para auto regularse. El maestro ha de saber leer, en su afán por un ritmo de aprendizaje sano y respetuoso, ese tipo de códigos siempre y cuando su deseo sea el de hacer del aula un espacio y una comunidad pedagógica.

¿Qué es lo que están dejando emerger los Youtubers? ¿Qué es lo que nos están queriendo decir a todos? Fácil. Somos suficiente, ya está. No es necesario que te formes más, no es necesario tener títulos para trabajar porque la sociedad no está buscando gente titulada en exceso sino gente capaz de darse sin juicio.

Esta reflexión la tomo a modo de estelo; no pretendo hundir mi pluma en entonar una verdad, pues tan sólo soy yo ejemplificando la cara b de la realidad de muchas personas que conozco que han encontrado en la formación una guarida. Y no se malentienda y se crea que esto que digo hace referencia a que no hace falta estudiar ni formarse. De ningún modo me sumaré nunca a esas sentencias como tampoco abro el camino para el éxito en lo fútil. Sólo digo estar sintiendo demasiada preocupación en el pensar y poco en el atreverse a exponerse y ser. Esos chicos se muestran y entregan lo que son y así es recogido por millones de personas que esperan cada semana sus nuevos vídeos. Ellos andan sin preguntarse por la geometría del paso, solamente se dejan ver.

1Dentro del marco de las denominadas Pedagogías Latentes. También es muy usado en Sociología y Psicoterapia Gestalt.

 

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*Del borrador del próximo libro de Creatividad de Julián Bozzo. Próximamente a la venta.

Julián Bozzo: Pedagogo formado en Antropología, Terapia Gestalt y Pedagogía Sistémica. Diplomado en Ciencias Químicas. Poeta y Músico. Director de Mundo Aladuría que incluye ImproVersa Escuela de Creatividad y Canto Improvisado, Danza Palabra Pedagogía y Mundo Aladuría Música.

Tiene dos discos publicados y está a punto de publicar dos libros, entre ellos un Disco-Libro de Nanas (Canciones de cuna).

@bozzojulian

Más información en http://www.mundoaladuria.com

¿Tus miedos?: Tus posibilidades.

¿Ves aquello sómbrico, aquello que habita como ausente, que se viste como al ras, cortado por un gélido lazo de espesura y niebla?, ¿lo ves?, ¿lo sientes? Se deja conocer porque tras su rostro asoma un engranaje a priori inmóvil; carga sobre su espalda una densa capa de palabras indecibles, huele a desconocido, a imposible y es casi una locura darle forma, textura, sitio… Quizás sea porque se conjuga con la misma gramática con la que se conjugan los abismos, los precipicios o las abisálicas fronteras; todas aquellas que portan, tras sus límites, la apertura de un mundo por descubrir.

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