La Escuela anula por completo la infancia (Cap 3. Aladuría)

(…) La escuela, en vez de ser un espacio al servicio del niño, es un espacio al servicio del adulto y del poder; no está diseñada ni pensada para mirar la esencia del ser humano y hace todo lo posible por cortarla y castrarla. Lo hace aunque no se dé cuenta y, cada día, lo hace con más virulencia.

¿De qué manera logra esto? Haciendo que la escuela sea un espacio que mira a la infancia como un producto del adulto. La escuela no ve al niño como presente, sino que lo ve como “el adulto que un día será” y eso hace que no se pueda disfrutar de la realidad que el niño está viviendo. Si a un niño de 5 años, que se pasa el día jugando y bailando, le digo que tiene que estar tranquilo y calmado, lo que estaré haciendo será poner mi necesidad por encima de la suya. Es decir, le estaré educando para que permanezca quieto y que no haga ruido, le estaré educando en las características del hombre adulto aburrido. Sigue leyendo

¿Quieres una clase ordenada? Permite que se desordenen primero. (I) Notas prácticas.

Al entrar en una sala a dar clase, podemos ver cómo los alumnos suelen adentrarse en ella con su energía revoltosa, llena de vida y su hermoso desorden asociado. 

Es normal que tarden un rato en ordenarse, una de las funciones más complicadas del maestro o pedagogo es hacer nada para permitir que sean los alumnos quienes se autorregulen. ¡Tarea compleja nuestra labor! Estar presentes sin dirigir el presente.

A la hora de hacer un círculo desde el que poder trabajar, es importante no caer en la prisa y querer terminar siendo nosotros quienes ordenemos el corro. 

Recordemos que los niños (y nosotros también) sienten antes la intención que el mensaje por lo que de nada sirve decir una cosa y terminar haciendo otra. Mucho menos ahora, al menos en España, donde las clases se han reducido a 45 minutos. 

Trabajar en círculo tiene múltiples beneficios para la actividad pedagógica. Nosotros proponemos la siguiente actividad/rutina para que los alumnos, poco a poco, aprendan a autorregularse en el aula. 

¿Qué puedo hacer yo para que el círculo esté mejor? 

Es importante que no sintamos el pánico de querer que los chicos hagan las cosas rápido y a nuestro modo. Para eso, tenemos que armarnos de paciencia y respeto y permitir dejar que las cosas sucedan. Comprender la naturaleza del ser humano y del niño (dependiendo de la edad y del contexto que vive ese día) nos ayuda a entender que, cuando la clase está revoltosa es porque lo necesita. Es decir, en la clase emergen una serie de conductas o energías que son necesarias para que el grupo se autorregule y termine encontrando el equilibrio. No olvidemos que una clase es un sistema y todo sistema busca el equilibrio. Si nosotros interferimos en el orden, la energía del aula se verá interrumpida y esto traerá consecuencias negativas más adelante (una excesiva dependencia al apoyo externo para la consecución de los objetivos y deseos, por ejemplo).

Hemos de ser capaces de crear un ambiente de respeto y consciencia. Para ello nosotros proponemos esta tarea* dentro del círculo

En vez de decir a los niños: “¡Muévete!” o “¡Córrete para atrás!” e intentar ordenarles, nos paramos durante unos segundos y les pedimos que miren a su derecha y a su izquierda y que, en vez de decirles a los demás lo que tienen que hacer, sean ellos quienes se muevan y busquen un lugar desde el que el grupo esté “bien”. ¿Qué puedes hacer tú para que el círculo este ordenado? Se observan y dirigen su movimiento hacia el círculo. 

De esta manera, los chicos van aprendiendo a tomar consciencia sobre su espacio y sobre cómo sus movimientos generan movimiento en los demás. Son los pequeños movimientos, los mínimos gestos los que definen una educación respetuosa de otra que no les es. 

A menudo existen alumnos que no saben qué hacer. En ese caso, le preguntamos si necesita ayuda. Tiene que ser él quien pida ayuda y no la clase quien se la dé sin haberla pedido. Nosotros siempre decimos que es muy bonito eso de ayudar a los demás, pero es importante que nos hayan dado permiso para ayudar. 

Suele suceder que los niños tímidos no hablan y son los compañeros quienes completan las frases que no se atreven a decir. Les explicaremos que, cuando hacen eso, lo que están provocando es que el otro cada vez sea más débil. (A este respecto solemos contarles el cuento del “Árbol debora-semillas” que postearemos más adelante). 

En definitiva, ¿Qué podemos hacer para que el círculo esté mejor? Permitir que los alumnos quienes HAGAN y no DIGAN lo que pueden hacer y que esto les lleve a la acción y no al pensar y divagar sobre lo que es mejor o peor; generar movimientos de bienestar en el aula.

* Esto que proponemos puede extenderse a cualquier ámbito. En el hogar también lo podemos hacer: “¿Qué puedes hacer para que el cuarto esté más feliz?, ¿qué puede hacer papá para que tú estés más feliz?”. Hemos de buscar preguntas que nos lleven a la génesis de acciones.

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*Del borrador del libro “La Educación de las luciérnagas” de Julián Bozzo. A la venta en 2019.

Julián Bozzo: Pedagogo formado en Antropología, Terapia Gestalt y Pedagogía Sistémica. Diplomado en Ciencias Químicas. Poeta y Músico. Director de Mundo Aladuría que incluye “ImproVersa Pedagogía, Educación poética y Canto Improvisado”  Mundo Aladuría Música.

ImproVersa tiene sedes en Madrid, Bogotá, Chile, México, Uruguay, Valladolid, Zaragoza y más ciudades del mundo (+info en http://www.improversa.com)

Ha publicado un libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad” Ed. Muevetulengua y “En el corazón de la Hembra Maga” Discolibro de nanas para padres y madres.

Autor de dos discos: Mundo Aladuría y Al Sureste de las cosas Grandes.

@bozzojulian

Más información en http://www.mundoaladuria.com

La misión de la educación actual es ofreces espejos.

La misión de la pedagogía actual no es tanto ofrecerles a los niños verdades y caminos, como entregarles la consciencia del giro de muñeca y de corazón que necesitan para abrirse.

Antes era distinto, antes había un horizonte de sentido que, aun siendo falso y provisional, nos ayudaba a guiar nuestros pasos, pero todo aquello se derrumbó, como era de esperar, y ahora asistimos a la vida con una sensación de miedo y anomia que nos invade e imposibilita el tener una vida plena.

La misión de la educación no es ofrecer caminos sino ofrecer espejos; lugares desde los que encontrar nuestro centro sincero y poder crear desde ahí. Si queremos que los alumnos sean singulares y auténticos quizás, hemos de mostrarles la valentía del ser auténticos, la marejada que nos lleva a confiar en el fluir del mar. Los maestros tenemos que estar atentos a eso y ser conscientes de que “el maestro es un fuerza que imprime su resultado pasados varios años“. Tenemos que preparar a los alumnos para ese estado de ser en el mundo, para ese habitar la vida desde la consciencia. Es por eso que tenemos que educarles para SER, no para parecer o estar.

Si no lo hacemos así, no habremos aprovechado la crisis que tanto pedíamos y nuestros alumnos verán aumentada su ansiedad y sensación de perdida existencial.

Hemos venido a algo más. El ser humano ha venido a algo más, siempre vino a algo más…

Es hora de preguntarnos “¿para qué educamos?”, “¿qué tipo de sociedad espero dar a nacer con mi actuación en las clases y en mis relaciones pedagógicas?”.

Recordando, como decía Galeano, que ‘no hay palabras neutras’, todo lo que hacemos, sobre todo lo latente, es lo que más eficazmente se clava en el alma de la infancia.

No hay que mirar tanto la fotografía, debemos dejar de venerar los resultados. Hay que mirar también al fotógrafo que queda siempre impreso en ella y que singulariza la vida.

Y con esto… ¿Para qué educas, maestro?

¿Qué tipo de ideal antropológico esconden sus acciones? 

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*Del borrador del libro “La Educación de las luciérnagas” de Julián Bozzo. A la venta en 2019.

Julián Bozzo: Pedagogo formado en Antropología, Terapia Gestalt y Pedagogía Sistémica. Diplomado en Ciencias Químicas. Poeta y Músico. Director de Mundo Aladuría que incluye “ImproVersa Pedagogía, Educación poética y Canto Improvisado”  Mundo Aladuría Música.

ImproVersa tiene sedes en Madrid, Bogotá, Chile, México, Uruguay, Valladolid, Zaragoza y más ciudades del mundo (+info en http://www.improversa.com)

Ha publicado un libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad” Ed. Muevetulengua y “En el corazón de la Hembra Maga” Discolibro de nanas para padres y madres.

Autor de dos discos: Mundo Aladuría y Al Sureste de las cosas Grandes.

@bozzojulian

Más información en http://www.mundoaladuria.com

¿Quién dijo que no se podía viajar en el tiempo? (Feliz día de Reyes Magos)

Revivir el día de hoy… desde el niño que fui.

Amar es recordar. Amar es también regresar al lugar donde nuestro corazón fue espuma dorada. Porque el amor es ante todo, un viaje… Un salir de mi para llegar a ti, para llegar a un nosotros en gerundio que se divierte siendo “aquí y ahora”.

Y en ese regreso estuve hoy. Jugando a tener 3 años, 5 y 7. Le decía a mi hija “-¿Tesoro, escuchas los camellos? Están fuera de la casa!”; y ella, dulce vida, me respondía con los ojos abiertos un extenso y amoroso : “Si papi… Les escucho”.

Hermoso darme en este legado. Porque al decir esas frases y probar esos juegos también jugaban dentro mi las voces y los rostros de mis padres. Y de pronto sentía como por mi boca salían emociones que llevan viviendo en mi más de 30 años.

Me escuchaba hablar y sentía como era mi madre quien jugaba. Me observaba diciendo ” Mi vida, los Reyes son mágicos y entran por la ventana” y a la vez notaba en el pecho la voz cálida y tierna de mi padre.

Qué precioso poder vivir esto. Qué hermoso poder acompañar a alguien hacia esa magia. Qué hermoso poder revivirla yo también. Tener 4 años, aunque habite los 37.

Por amar es recordar. Amar es volver a pasar por el corazón. Como anuncia su etimología (Recordar = re-cordis). Pues eso, la paternidad ofrece esa capacidad de viajar a lo que aún habita en ti, a lo que aún vibra pero el tiempo y el miedo borraron. La paternidad es una hermosa ventana desde la que poder mirarte en los espejos de todas tus edades.

Amar y regresar con un ramo de flores en la boca. Y regresar con una bandera preciosa con la que transitar la vida desde el adulto feliz y pleno.

Porque amar es recordar.

Y a mi la paternidad me enseñó eso. Me enseñó a recordar desde el corazón limpio y puro que supone la infancia.

Mi regalo de hoy fue volver.

¿Quién dijo que no se puede viajar en el tiempo?

Creo que fue alguien que nunca amó,
alguien que nunca parió, ni vio salir de su alma una criatura.

La infancia es un espejo, hermoso; desde el que volver a abrazar a tu madre como si ya no te diera vergüenza. Desde el que poder mirar a tus padres como si fueran el centro de todo.

La infancia es un espejo.
La paternidad un viaje hacia tu infancia
y el amar es recordar.

Amar es volver a pasar por el corazón.

Feliz día de Reyes a todos 🙂