La misión de la educación actual es ofreces espejos.

La misión de la pedagogía actual no es tanto ofrecerles a los niños verdades y caminos, como entregarles la consciencia del giro de muñeca y de corazón que necesitan para abrirse.

Antes era distinto, antes había un horizonte de sentido que, aun siendo falso y provisional, nos ayudaba a guiar nuestros pasos, pero todo aquello se derrumbó, como era de esperar, y ahora asistimos a la vida con una sensación de miedo y anomia que nos invade e imposibilita el tener una vida plena.

La misión de la educación no es ofrecer caminos sino ofrecer espejos; lugares desde los que encontrar nuestro centro sincero y poder crear desde ahí. Si queremos que los alumnos sean singulares y auténticos quizás, hemos de mostrarles la valentía del ser auténticos, la marejada que nos lleva a confiar en el fluir del mar. Los maestros tenemos que estar atentos a eso y ser conscientes de que “el maestro es un fuerza que imprime su resultado pasados varios años“. Tenemos que preparar a los alumnos para ese estado de ser en el mundo, para ese habitar la vida desde la consciencia. Es por eso que tenemos que educarles para SER, no para parecer o estar.

Si no lo hacemos así, no habremos aprovechado la crisis que tanto pedíamos y nuestros alumnos verán aumentada su ansiedad y sensación de perdida existencial.

Hemos venido a algo más. El ser humano ha venido a algo más, siempre vino a algo más…

Es hora de preguntarnos “¿para qué educamos?”, “¿qué tipo de sociedad espero dar a nacer con mi actuación en las clases y en mis relaciones pedagógicas?”.

Recordando, como decía Galeano, que ‘no hay palabras neutras’, todo lo que hacemos, sobre todo lo latente, es lo que más eficazmente se clava en el alma de la infancia.

No hay que mirar tanto la fotografía, debemos dejar de venerar los resultados. Hay que mirar también al fotógrafo que queda siempre impreso en ella y que singulariza la vida.

Y con esto… ¿Para qué educas, maestro?

¿Qué tipo de ideal antropológico esconden sus acciones? 

__

*Del borrador del libro “La Educación de las luciérnagas” de Julián Bozzo. A la venta en 2019.

Julián Bozzo: Pedagogo formado en Antropología, Terapia Gestalt y Pedagogía Sistémica. Diplomado en Ciencias Químicas. Poeta y Músico. Director de Mundo Aladuría que incluye “ImproVersa Pedagogía, Educación poética y Canto Improvisado”  Mundo Aladuría Música.

ImproVersa tiene sedes en Madrid, Bogotá, Chile, México, Uruguay, Valladolid, Zaragoza y más ciudades del mundo (+info en http://www.improversa.com)

Ha publicado un libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad” Ed. Muevetulengua y “En el corazón de la Hembra Maga” Discolibro de nanas para padres y madres.

Autor de dos discos: Mundo Aladuría y Al Sureste de las cosas Grandes.

@bozzojulian

Más información en http://www.mundoaladuria.com

La moda de la Educación Emocional y otras maneras de destruir el cambio educativo.

Hace unos años me invitaron, como formador, a un congreso de educación emocional. Me dijeron de ir para hablar sobre “Teatro simbólico en el aula: cómo educar desde la aceptación del conflicto“. Mi sorpresa fue increíble al llegar al auditorio y ver una pantalla de cine y a casi todos los ponentes con sus portátiles, dispuestos a mostrar sus Power Point para hablar sobre emociones… Impactado, me preguntaron sobre mi Power Point y qué necesitaba para conectarme a la enorme pantalla. “Nada -les dije-, vengo yo”.

Esto no me es nuevo, digo. Vengo de un sistema educativo donde esa era la norma; hablar de la vida sin incitar vida, hablar del amor sin amar, hablar de solidaridad siendo injusto. Esa era la incoherencia tan gigante con la que me crié y también es la incoherencia con la que los niños de ahora se crían. Porque hablar del amor en clase y hacer un dibujo sobre la familia no tiene ninguna repercusión si, mientras tanto, el maestro es incapaz de SER amor.

Sigue leyendo