Pedagogías Naiv. No hemos inventado nada.

Foto cortesía de @PsicEduM
Una de las cosas que más que fastidian en mis diálogos educativos es el discurso común que hay en el eslogan de “Innovación Pedagógica”.

Nada de lo escuchado en los Congresos que he asistido hacía referencia a ningún tipo de propuesta nueva. Las propuestas o bien eran proyectos del estilo “Los niños necesitan creatividad” o bien eran de la forma “Educar por proyectos, aprendizaje activo, etc”.

Vivimos en un amnesia pedagógica impresionante. Donde hay mucha acción y poco pensar, poco libro, poca historia. Un egocentrismo vital que nos lleva a creer que hemos inventado la rueda pedagógica, cuando en realidad TODAS y cada una de las propuestas que se esconden en la pancarta de “Innovación Pedagógica” son copias de discursos mucho más antiguos. Llamar “Nuevas Pedagogías” a Waldorf, Método por proyectos o Montessori … por ejemplo.. es del todo una barbaridad.

NADA, absolutamente NADA* de lo que hagamos en educación es nuevo. De verdad, nada. Quizás ahora las pizarras son digitales y los niños aprenden con IPAD. *(hay ciertos discursos que si lo son, pero no aparecen en las redes sociales y aún son marginales).

Pero en esencia es lo mismo. Y aunque las clases se pongan en círculo (cosas que no es nueva) y el maestro no sea directivo (cosas que no es nueva) y ofrezca su lección a través del interés cotidiano del alumno (… tampoco es nuevo)… seguiremos copiando los mismos errores que hasta ahora.

Son muchos, seguro, los motivos sobre los que se sustentan la crisis educativa actual. Pero de entre las varias que se pueden citar sin duda para mí sería urgente la revisión existencial, emocional e intelectual del maestr@ y el ataque absoluto al best-seller educativo así como a las empresas que bajo el yugo del marketin nos siguen haciendo pensar que “más es mejor”.

El estudiante de Pedagogía no ha leído a Froebel, Pestolazzi, Quintiliano, Giroux, Rousseau, Steiner, Dewey… pero si a la horda de periodistas y best sellers que hablan sin fondo sobre el buen hacer pedagógico.

El otro día un Youtuber que hace vídeos de Psicología publicó uno titulado “¿Somos demasiado positivistas? Y el tipo (ultra mega positivista conductual-congitivista) no sabía que el Positivismo es un paradigma filosófico. El colega pensaba que es sinónimo de optimista. ¡ESTO ES MUY FUERTE! El tipo habla de cosas que ha leído por ahí y no se cuestiona absolutamente nada. Habla desde su punto fijo y critica todo discurso que no tenga que ver con su “verdad”. Total… que me resulta tremendamente peligroso que este tipo que tanto discute y “aconseja” sobre Psicología en su vida haya oído hablar sobre Compte o el origen de “la ciencia de la psicología”.

Mis queridos y amados Profesores y Catedráticos de la Universidad viven con resignación como el mercado se ha comido al pensamiento, al “Elogio y el amor por el Estudio”. Los alumnos no leen libros, solo ven vídeos o leen post y frases “aforísticas” que resumen en eslóganes una bandera desde la que afrontar la complejidad educativa.

Y todo son modas “chic” pero nadie ha leído a Derrida, Freire, Gadamer, Arendt, Zambrano, Foucoult y no sabe deconstruir el mensaje. Todo son modas pero no hay un pensamiento limpio y coherente, envuelto de Filosofía, Antropología e Historia.

Les comparto esta foto que publicó @PsicEduM en twitter hace unos días.

Escapar del marketin, del egocentrismo vital, del ombligo pedagógico es tarea fundamental. Dejar de creer que estamos haciendo algo nuevo, humildad, revisarnos, deconstruir el mensaje, invertir en formaciones experienciales que “nos transformen” y no solo que nos den títulos, créditos o más técnicas y aptitudes.

Dejar de hacer congresos de “Innovación Pedagógica” bajo estos términos de ceguera pedagógica.

Más Pensador@s. Más Filosofía e Historia.

Empezar a mirar la educación como un espacio dedicado al desarrollo de la sociedad, del niño, las familias. Dejar de mirarlo como espacio de marketin dedicado al desarrollo de las carencias del profesorado.

Porque si … “El hecho de hacer “trabajo por proyectos y aprender a trabajar grupo” habla más de las carencias de los profes que de las necesidades del alumno. Si el claustro supiera trabajar en grupo, no sería necesario educarlo de manera artificial y forzada”. Simplemente, sería normal y se contagiaría.

Además, bien sabemos los Pedagogos que “pesa más que pasivo que el activo de la razón”, y que si ese “aprendizaje” no es integrado por nosotros… tan solo crearemos contrasentidos y conductas mecánicas y fútiles”.

Leer, leer, leer, leer.

Formarse y trans-formarse.

Sinceridad, rigor, cariño y entrega.

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Foto cortesía de @PsicEduM

 

La misión de la educación actual es ofreces espejos.

La misión de la pedagogía actual no es tanto ofrecerles a los niños verdades y caminos, como entregarles la consciencia del giro de muñeca y de corazón que necesitan para abrirse.

Antes era distinto, antes había un horizonte de sentido que, aun siendo falso y provisional, nos ayudaba a guiar nuestros pasos, pero todo aquello se derrumbó, como era de esperar, y ahora asistimos a la vida con una sensación de miedo y anomia que nos invade e imposibilita el tener una vida plena.

La misión de la educación no es ofrecer caminos sino ofrecer espejos; lugares desde los que encontrar nuestro centro sincero y poder crear desde ahí. Si queremos que los alumnos sean singulares y auténticos quizás, hemos de mostrarles la valentía del ser auténticos, la marejada que nos lleva a confiar en el fluir del mar. Los maestros tenemos que estar atentos a eso y ser conscientes de que “el maestro es un fuerza que imprime su resultado pasados varios años“. Tenemos que preparar a los alumnos para ese estado de ser en el mundo, para ese habitar la vida desde la consciencia. Es por eso que tenemos que educarles para SER, no para parecer o estar.

Si no lo hacemos así, no habremos aprovechado la crisis que tanto pedíamos y nuestros alumnos verán aumentada su ansiedad y sensación de perdida existencial.

Hemos venido a algo más. El ser humano ha venido a algo más, siempre vino a algo más…

Es hora de preguntarnos “¿para qué educamos?”, “¿qué tipo de sociedad espero dar a nacer con mi actuación en las clases y en mis relaciones pedagógicas?”.

Recordando, como decía Galeano, que ‘no hay palabras neutras’, todo lo que hacemos, sobre todo lo latente, es lo que más eficazmente se clava en el alma de la infancia.

No hay que mirar tanto la fotografía, debemos dejar de venerar los resultados. Hay que mirar también al fotógrafo que queda siempre impreso en ella y que singulariza la vida.

Y con esto… ¿Para qué educas, maestro?

¿Qué tipo de ideal antropológico esconden sus acciones? 

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*Del borrador del libro “La Educación de las luciérnagas” de Julián Bozzo. A la venta en 2019.

Julián Bozzo: Pedagogo formado en Antropología, Terapia Gestalt y Pedagogía Sistémica. Diplomado en Ciencias Químicas. Poeta y Músico. Director de Mundo Aladuría que incluye “ImproVersa Pedagogía, Educación poética y Canto Improvisado”  Mundo Aladuría Música.

ImproVersa tiene sedes en Madrid, Bogotá, Chile, México, Uruguay, Valladolid, Zaragoza y más ciudades del mundo (+info en http://www.improversa.com)

Ha publicado un libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad” Ed. Muevetulengua y “En el corazón de la Hembra Maga” Discolibro de nanas para padres y madres.

Autor de dos discos: Mundo Aladuría y Al Sureste de las cosas Grandes.

@bozzojulian

Más información en http://www.mundoaladuria.com

El aula donde trabajas te mostrará lo que eres.

Venía hablando de aquellas personas, en este caso maestros, que me llaman en Febrero  o Marzo para asistir a su aula y “hacer que el ambiente sea mejor y los alumnos dejen de pelearse”. Siempre que voy a hacer mis sesiones, al terminar, les digo: “No tienen que llamarme en Marzo, háganlo en Octubre.

Cualquier grupo va a tener resistencias y fricciones, todo grupo debe tenerlas; que no las haya indica que existe un gran problema de creatividad y de miedo en él. El grupo perfecto no es en el que todos se sonríen y aman sin medida, eso no existe. Posiblemente unos se amen y abracen mientras otros están solos en una esquina, pero como nos educaron para ver la rosa floreciendo y no las espinas, somos incapaces de detectar el verdadero problema. Vemos solamente lo que somos capaces de ver y soportar. Porque sí, maestro: Vemos lo que somos y somos lo que vemos

En este caso me remito a dos maestros que me llaman en Junio todos los años. Podría decir que es cuestión de unos pocos, que son cosas que tienen que ver con ciertos individuos que, por una razón u otra, siempre precisan encontrarse en un callejón sin salida para ahogarse.

Igual necesitan sentir que todo les sobrepasa para así poder pedir ayudar y ratificar que “ellos solos no podían”, igual es porque necesitan ver que las cosas no se pueden resolver y que todo es muy difícil o quizás tenga que ver con el sentir y comprobar así que “hice todo lo que pude”. Su vida será así… Comienzan algo y al final se aturullan. Parece que son incapaces de sostener un emoción.

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“Sé feliz, hijo mío. Sé tú mismo.”

Queremos que nuestros hijos sean libres, pero no hacemos más que enseñarles ventanas. Ventanas que nosotros nunca abrimos, ventanas que, en nuestro hogar, sólo se entornan. Ventanas grandes y lustradas, ventana limpias y aclaradas. Ventanas con alma de jaula, ventanas soga.

Ventanas que ya son pura moda del querer y no dar paso, ventanas de pared y ocaso. Ventanas mentira, ventanas de plástico encerrado, ventanas del tengo miedo al salto.

Queremos que vuelen alto, que sean valentía de arrojo en espuma y, al hacerlo, confundimos nuestra entrega.

Pues creemos que mostrar es enseñar, creemos que señalar es procurar huella, creemos que comprándoles lo último serán los primeros.

Creemos que, con sólo decirles valentía, ellos adentro la encenderán ¡Cómo si fuera tan simple el mecanismo del echarse a volar!

Y mientras, nuestras hebras, nos ven dentro de un eco somnoliento, de un pasar la vida mirándola a través de un cristal, a través de una ventana limpia y cuidada, de una jaula perfecta y justificada, a través de palabras llenas de miedo al mundo que hay tras ese cristal.

“Sé feliz y sé tú mismo.”- Les decimos convencidos de que, al decirlo, ellos, súbito, dentro de sí lo lograrán. “Sé feliz y sé tú mismo.” – Les decimos mientras señalamos caminos que nosotros no nos atrevemos a cruzar.

“Sé feliz, hijo mío. Sé tú mismo”…

El niño piensa y ve la escena: Ventanas limpias y cerradas, palabras que asoman senderos que nunca podré caminar. Aprendo, padres, del ejemplo de sus pasos y por ello yo también me quedaré parado por respeto, copia y/o lealtad.

“Soy feliz y soy yo mismo.” – se dice el padre mientras abandona antiguas quejas -.  Abriré las ventanas que no me atrevo a cantar, abriré los caminos que quiero para mí y, a través de mi salto, te enseñaré a volar … Así es como aprenderás la valentía de mí; del hombre que dejó de darle vueltas al pensar.

“Soy feliz y soy yo mismo.”

Sólo volando se enseña a volar.