La envidia nace cuando esperas que el otro deje de darse lo que tú no te das.

– Maestro; Me pasa que a veces vierto ira sobre aquellos que gozan de espontaneidad a mi lado. Me sucede que proyecto en voz de odio, palabras y pensares que buscan dolerles el alma…
 
¿Qué puedo hacer?
 
+ Procura amor querido mío.
 
Cada vez que sientas que en tu corazón se posa el ave de la envidia, cada vez que sientas que tu alma se llena de ojeras…
 
Recuerda: La envidia nace cuando esperas que el otro deje de darse lo que tú no te das.
 
Esperas que el otro bese el lodo y convierta en fango lo que tú vives escondido. Quieres convivir con sus bajezas porque no aceptas desplegar tus alas. Buscas que el otro repte, buscas que el otro no goce arboledas, y viva siempre con la cabeza baja y el corazón hundido.
 
Crees que su tristeza, te da alegría.
 
Pero no es así.
 
Cuando abrimos herida en un corazón ajeno y en nuestro sentir amanece una sonrisa, no estamos más que dándole escena al monstruo que hace años nos hirió.
 
Y cuando en nosotros brota una risa o carcajada nacida del dolor no propio, asoma en el fondo un llanto nuestro que nunca cesó.
 
Reír, a veces, es la ceguera de aquel que no dio lágrima a un dolor.
 
Por eso querido alumno, procura amor. Invierte tiempo y alegría en abrir las ventanas de tu alma sabiendo, que cuando niegas al otro estas borrándote a ti mismo.
 
Recuerda:
 
La envidia nace cuando esperas que el otro deje de darse lo que tú no te das.
 
El amor nace cuando comienzas a darte lo que esperas del otro.
 
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Ilustración : Claudia Tremblay
 
Extraído del borrador de mi libro “La Educación de las Luciérnagas”.
 
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– Maestro. ¿Cuál es la virtud más importante que ha de tener un hombre sabio?

– Maestro. ¿Cuál es la virtud más importante que ha de tener un hombre sabio?

+ Aprender a recogerse del suelo. – respondió-

– ¿Recogerse?- respondió el alumno confuso- ¿No será levantarse?

+ Para nada querido Átato. Levantase implica empuje y decisión, falsa fortaleza y huída del suelo. Los hombres que huyen del suelo están condenados a sentir el fango como escuela provisoria, como antesala de un salto mejor. Y vivirá envuelto de falso optimismo y ceguera. Sin embargo, “recogerse” implica en ese acto un componente enteramente humano, frágil, vulnerable…

El hombre que es capaz de abrazarse allá donde todo estuvo roto, que es capaz de mirarse con condescendencia y compasión, con ternura y luto… será capaz de educar luciérnagas. Pues el respeto por la luz propia nace el mismo día que uno siente que pudo apagarse… y nada pasó.

(…)
—-

Notas de mi próximo libro “La educación de la luciérnagas” 🙂

 

+ Amé una flor y la perdí…

+ Amé una flor y la perdí…

– ¿Cómo pudo pasar eso?

+ Era tan hermosa que la quise llevar a mi casa y decorar mi salón con su aroma y presencia. Pero al pasar algunos días se secó y su olor desapareció.

– Entonces tu no amaste ninguna flor. No estabas enamorado de ella. Tan sólo lo estas de ti. Para amar hay que dejar ser.

Nunca la amaste. Querido amigo… Sólo estas enamorado del miedo.

Del Borrador de mi próximo libro “La educación de las luciérnagas”. A la venta en 2019

Y tú que sabrás de la vida si sólo tienes 8 años-. Dijo el adulto enfurecido.

+ Y tú que sabrás de la vida si sólo tienes 8 años-. Dijo el adulto enfurecido.

– Todo- Respondió Manuel. Y luego prosiguió:

… Tú ya estas rondando los 40. Tú ya olvidaste. Tú no sabes lo que es la vida, tú solo sabes de qué esta hecha la inercia y el miedo, la rutina y la soledad.

Yo sólo conozco la oscuridad cuando te veo.

De dónde yo vengo, mis amigos aún confían, aún creen en los caminos secundarios… se saludan con abrazos y juntan su corazón cuando se miran.

Tú moriste el día que decidiste aparcar la infancia en el patio de un colegio.

Tú olvidaste el día que creíste saber algo de la vida.

Te invito a jugar otra vez… a volver a sentir el aroma de la vida titilante en cada paso.

Tú no sabes nada de la vida…

Vives dentro de tu mente,
Apenas recuerdas nada..

Sólo sabes mirar cuando sentencias…

olvidaste abrazar con los ojos cerrados.

olvidaste saltar sobre los charcos.

Olvidaste recordar…

Olvidaste mirar dentro de tu corazón.

—-

Fragmento extraído de “Aladuría y El reencuentro con nuestra Esencia”.

A la venta en octubre de 2017.

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