¿Quieres una clase ordenada? Permite que se desordenen primero. (I) Notas prácticas.

Al entrar en una sala a dar clase, podemos ver cómo los alumnos suelen adentrarse en ella con su energía revoltosa, llena de vida y su hermoso desorden asociado. 

Es normal que tarden un rato en ordenarse, una de las funciones más complicadas del maestro o pedagogo es hacer nada para permitir que sean los alumnos quienes se autorregulen. ¡Tarea compleja nuestra labor! Estar presentes sin dirigir el presente.

A la hora de hacer un círculo desde el que poder trabajar, es importante no caer en la prisa y querer terminar siendo nosotros quienes ordenemos el corro. 

Recordemos que los niños (y nosotros también) sienten antes la intención que el mensaje por lo que de nada sirve decir una cosa y terminar haciendo otra. Mucho menos ahora, al menos en España, donde las clases se han reducido a 45 minutos. 

Trabajar en círculo tiene múltiples beneficios para la actividad pedagógica. Nosotros proponemos la siguiente actividad/rutina para que los alumnos, poco a poco, aprendan a autorregularse en el aula. 

¿Qué puedo hacer yo para que el círculo esté mejor? 

Es importante que no sintamos el pánico de querer que los chicos hagan las cosas rápido y a nuestro modo. Para eso, tenemos que armarnos de paciencia y respeto y permitir dejar que las cosas sucedan. Comprender la naturaleza del ser humano y del niño (dependiendo de la edad y del contexto que vive ese día) nos ayuda a entender que, cuando la clase está revoltosa es porque lo necesita. Es decir, en la clase emergen una serie de conductas o energías que son necesarias para que el grupo se autorregule y termine encontrando el equilibrio. No olvidemos que una clase es un sistema y todo sistema busca el equilibrio. Si nosotros interferimos en el orden, la energía del aula se verá interrumpida y esto traerá consecuencias negativas más adelante (una excesiva dependencia al apoyo externo para la consecución de los objetivos y deseos, por ejemplo).

Hemos de ser capaces de crear un ambiente de respeto y consciencia. Para ello nosotros proponemos esta tarea* dentro del círculo

En vez de decir a los niños: “¡Muévete!” o “¡Córrete para atrás!” e intentar ordenarles, nos paramos durante unos segundos y les pedimos que miren a su derecha y a su izquierda y que, en vez de decirles a los demás lo que tienen que hacer, sean ellos quienes se muevan y busquen un lugar desde el que el grupo esté “bien”. ¿Qué puedes hacer tú para que el círculo este ordenado? Se observan y dirigen su movimiento hacia el círculo. 

De esta manera, los chicos van aprendiendo a tomar consciencia sobre su espacio y sobre cómo sus movimientos generan movimiento en los demás. Son los pequeños movimientos, los mínimos gestos los que definen una educación respetuosa de otra que no les es. 

A menudo existen alumnos que no saben qué hacer. En ese caso, le preguntamos si necesita ayuda. Tiene que ser él quien pida ayuda y no la clase quien se la dé sin haberla pedido. Nosotros siempre decimos que es muy bonito eso de ayudar a los demás, pero es importante que nos hayan dado permiso para ayudar. 

Suele suceder que los niños tímidos no hablan y son los compañeros quienes completan las frases que no se atreven a decir. Les explicaremos que, cuando hacen eso, lo que están provocando es que el otro cada vez sea más débil. (A este respecto solemos contarles el cuento del “Árbol debora-semillas” que postearemos más adelante). 

En definitiva, ¿Qué podemos hacer para que el círculo esté mejor? Permitir que los alumnos quienes HAGAN y no DIGAN lo que pueden hacer y que esto les lleve a la acción y no al pensar y divagar sobre lo que es mejor o peor; generar movimientos de bienestar en el aula.

* Esto que proponemos puede extenderse a cualquier ámbito. En el hogar también lo podemos hacer: “¿Qué puedes hacer para que el cuarto esté más feliz?, ¿qué puede hacer papá para que tú estés más feliz?”. Hemos de buscar preguntas que nos lleven a la génesis de acciones.

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*Del borrador del libro “La Educación de las luciérnagas” de Julián Bozzo. A la venta en 2019.

Julián Bozzo: Pedagogo formado en Antropología, Terapia Gestalt y Pedagogía Sistémica. Diplomado en Ciencias Químicas. Poeta y Músico. Director de Mundo Aladuría que incluye “ImproVersa Pedagogía, Educación poética y Canto Improvisado”  Mundo Aladuría Música.

ImproVersa tiene sedes en Madrid, Bogotá, Chile, México, Uruguay, Valladolid, Zaragoza y más ciudades del mundo (+info en http://www.improversa.com)

Ha publicado un libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad” Ed. Muevetulengua y “En el corazón de la Hembra Maga” Discolibro de nanas para padres y madres.

Autor de dos discos: Mundo Aladuría y Al Sureste de las cosas Grandes.

@bozzojulian

Más información en http://www.mundoaladuria.com

La misión de la educación actual es ofreces espejos.

La misión de la pedagogía actual no es tanto ofrecerles a los niños verdades y caminos, como entregarles la consciencia del giro de muñeca y de corazón que necesitan para abrirse.

Antes era distinto, antes había un horizonte de sentido que, aun siendo falso y provisional, nos ayudaba a guiar nuestros pasos, pero todo aquello se derrumbó, como era de esperar, y ahora asistimos a la vida con una sensación de miedo y anomia que nos invade e imposibilita el tener una vida plena.

La misión de la educación no es ofrecer caminos sino ofrecer espejos; lugares desde los que encontrar nuestro centro sincero y poder crear desde ahí. Si queremos que los alumnos sean singulares y auténticos quizás, hemos de mostrarles la valentía del ser auténticos, la marejada que nos lleva a confiar en el fluir del mar. Los maestros tenemos que estar atentos a eso y ser conscientes de que “el maestro es un fuerza que imprime su resultado pasados varios años“. Tenemos que preparar a los alumnos para ese estado de ser en el mundo, para ese habitar la vida desde la consciencia. Es por eso que tenemos que educarles para SER, no para parecer o estar.

Si no lo hacemos así, no habremos aprovechado la crisis que tanto pedíamos y nuestros alumnos verán aumentada su ansiedad y sensación de perdida existencial.

Hemos venido a algo más. El ser humano ha venido a algo más, siempre vino a algo más…

Es hora de preguntarnos “¿para qué educamos?”, “¿qué tipo de sociedad espero dar a nacer con mi actuación en las clases y en mis relaciones pedagógicas?”.

Recordando, como decía Galeano, que ‘no hay palabras neutras’, todo lo que hacemos, sobre todo lo latente, es lo que más eficazmente se clava en el alma de la infancia.

No hay que mirar tanto la fotografía, debemos dejar de venerar los resultados. Hay que mirar también al fotógrafo que queda siempre impreso en ella y que singulariza la vida.

Y con esto… ¿Para qué educas, maestro?

¿Qué tipo de ideal antropológico esconden sus acciones? 

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*Del borrador del libro “La Educación de las luciérnagas” de Julián Bozzo. A la venta en 2019.

Julián Bozzo: Pedagogo formado en Antropología, Terapia Gestalt y Pedagogía Sistémica. Diplomado en Ciencias Químicas. Poeta y Músico. Director de Mundo Aladuría que incluye “ImproVersa Pedagogía, Educación poética y Canto Improvisado”  Mundo Aladuría Música.

ImproVersa tiene sedes en Madrid, Bogotá, Chile, México, Uruguay, Valladolid, Zaragoza y más ciudades del mundo (+info en http://www.improversa.com)

Ha publicado un libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad” Ed. Muevetulengua y “En el corazón de la Hembra Maga” Discolibro de nanas para padres y madres.

Autor de dos discos: Mundo Aladuría y Al Sureste de las cosas Grandes.

@bozzojulian

Más información en http://www.mundoaladuria.com

Ascender de nuestra familia. El poder de las palabras.

Al decir que descendemos, de alguna manera, sentimos que nos vienen dadas las maneras que nos definen y nos sentimos segundos en el plano de la vida; como que han sido nuestros ancestros quienes nos han hecho ser de esta o aquella manera.

Sin embargo, ¿Cómo nos sentimos si decimos que “ascendemos” de nuestros padres? En la realidad más aplastante es así, pues nuestro nacimiento es una apertura hacia el mundo; un nuevo devenir. Realmente, somos los últimos en nuestro linaje.

Desde ese enfoque es fácil sentir un poco más de orgullo y levedad al comprender que nuestros padres nos ascienden, que nos empujan hacia un futuro distinto.

Sentir a nuestra familia como motor, como impulso, es la marcada diferencia entre una mirada colapsada y convulsa y una mirada que asoma horizonte y cambio.

Hemos venido a crear algo nuevo. Algo diferente. Hemos venido al mundo a compartir el regalo que se nos entregó. Ascender, ampliar, elevarse para que nuestros hijos aprendan lo mismo.

 

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*Del borrador del libro “La Educación de las luciérnagas” de Julián Bozzo. A la venta en 2019.

Julián Bozzo: Pedagogo formado en Antropología, Terapia Gestalt y Pedagogía Sistémica. Diplomado en Ciencias Químicas. Poeta y Músico. Director de Mundo Aladuría que incluye “ImproVersa Pedagogía, Educación poética y Canto Improvisado”  Mundo Aladuría Música.

ImproVersa tiene sedes en Madrid, Bogotá, Chile, México, Uruguay, Valladolid, Zaragoza y más ciudades del mundo (+info en http://www.improversa.com)

Ha publicado un libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad” Ed. Muevetulengua y “En el corazón de la Hembra Maga” Discolibro de nanas para padres y madres.

Autor de dos discos: Mundo Aladuría y Al Sureste de las cosas Grandes.

@bozzojulian

Más información en http://www.mundoaladuria.com

El aula donde trabajas te mostrará lo que eres.

Venía hablando de aquellas personas, en este caso maestros, que me llaman en Febrero  o Marzo para asistir a su aula y “hacer que el ambiente sea mejor y los alumnos dejen de pelearse”. Siempre que voy a hacer mis sesiones, al terminar, les digo: “No tienen que llamarme en Marzo, háganlo en Octubre.

Cualquier grupo va a tener resistencias y fricciones, todo grupo debe tenerlas; que no las haya indica que existe un gran problema de creatividad y de miedo en él. El grupo perfecto no es en el que todos se sonríen y aman sin medida, eso no existe. Posiblemente unos se amen y abracen mientras otros están solos en una esquina, pero como nos educaron para ver la rosa floreciendo y no las espinas, somos incapaces de detectar el verdadero problema. Vemos solamente lo que somos capaces de ver y soportar. Porque sí, maestro: Vemos lo que somos y somos lo que vemos

En este caso me remito a dos maestros que me llaman en Junio todos los años. Podría decir que es cuestión de unos pocos, que son cosas que tienen que ver con ciertos individuos que, por una razón u otra, siempre precisan encontrarse en un callejón sin salida para ahogarse.

Igual necesitan sentir que todo les sobrepasa para así poder pedir ayudar y ratificar que “ellos solos no podían”, igual es porque necesitan ver que las cosas no se pueden resolver y que todo es muy difícil o quizás tenga que ver con el sentir y comprobar así que “hice todo lo que pude”. Su vida será así… Comienzan algo y al final se aturullan. Parece que son incapaces de sostener un emoción.

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