Verse en el otro. Eso es Aladuría

Verse en el otro.

Dejar que entren sus palabras, su mirada, su hiriente verdad.

Ser capaz de soportarlo.

De aparcar orgullo.

De sentir que todo lo previo era tan solo una mentira.

Un actor fatigado.

Exhausto.

Carente de amor, de caricias.

Sentir la palabra del otro y dejarla entrar. Dejarse ir con ellas.

Sentir que no hace falta seguir alimentando al monstruo de la apariencia.

Ser y que no cueste. Ser y que no haya esfuerzo.

Simplemente Ser.

Dejar que el otro entre. Con su universo.

Y llorar si es preciso.

Revolverse si es necesario.

Gritar si así te nace.

y luego nacer
desde el adulto que se hace cargo,
desde el adulto envuelto en vida.

Eso es Aladuría.

La belleza esta ahí delante, solo necesitamos gente valiente capaz de observarla. (Extracto libro Aladuría)

En la Aladuría nuestra esencia vaga a menudo confusa, como el vuelo de una mariposa que aletea de un lado para otro, envuelta en un rumbo acelerado, sin un claro destino, recorre el espacio vistiéndolo todo de un hipnótico trazo.

No le interesa llegar a ningún puerto, y gracias a esa no deseo de llegar, cuando lo hace, lo muestra con súbita belleza, espolvoreando sus alas al mundo, bañándolo todo de infinita generosidad.

Porque… ¿Qué hay más generoso que una mariposa? Un animal que en su cuerpo porta colores que nunca podrá observar y que son motivo de fiesta y destello para los transeúntes ávidos que son capaces de ceder su atención al festival de vida que esta brotando de sus alas.

Porque aceptémoslo: La belleza esta ahí delante, solo necesitamos gente valiente capaz de observarla.


Fragmento extraído de mi libro “Aladuría” a la venta en todas las librerías y la web de http://www.muevetulengua.com

Los niños saben vivir en el «no sé», pero nosotros no

Sobre la Sociedad. Capítulo 2.
 
… Los niños saben vivir en el «no sé», pero nosotros no. Nosotros necesitamos creer que sabemos aunque, para ello, tengamos que mentir. Como el niño vive en la incertidumbre y nosotros no sabemos vivir allí, lo que hacemos es arrancarle de su mundo para traerlo al nuestro porque, en el nuestro, tenemos cierto control y el suyo nos asusta. En la incertidumbre siempre hay preguntas y cosas por resolver y los adultos no sabemos estar en los procesos; a los adultos solo nos interesa creer que hemos llegado a algún final.
 
En la escuela, las preguntas siempre van dirigidas a que el niño responda y eso le impide ser capaz de jugar con sus bosquejos internos; eso hace imposible que su esencia salga a explorar y a bailar. A nuestra esencia no le interesan los caminos rectos, no le interesa la prisa del otro ni el deseo de cerrar una puerta. Nuestra esencia siente que, cuando cierra una puerta, una parte de ella muere. No le interesa sentenciar ni atar; le interesar dar vueltas, mezclarse, jugar, besar, palpar, recorrer y ser libre. Nuestra esencia quiere poder desligarse de lo antiguo y transitar hacia una nueva forma.
 
A nuestra esencia le gusta la libertad, le gusta estar en suspensión porque confía en que, solo en suspensión, se puede crecer y evolucionar. Y, tiempo más tarde, quizás dentro de muchos años, volverá a encontrase con esa pregunta que se hizo tiempo atrás y es posible que la responda o quizá no. Quizás la vuelva a mirar y se quede deambulando por la estela que genere, pero eso no le supondrá ningún problema porque le encanta el aroma de las cosas por resolver.
 
Nos educaron para cerrar, amarrar, guardar, tener… Nos educaron para dar respuestas, es decir, para tener las puertas cerradas. Nos educaron para todo lo contrario a lo que nuestra esencia precisa.
 
 
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Fragmento extraído de mi libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad” Editado por Mueve Tu Lengua
 

¿Cómo puede ser que tengamos miedo de la soledad? 

¿Cómo puede ser que tengamos miedo de la soledad?

Estar en soledad no es estar solo.

Estar en soledad es compartir espejo contigo mismo y estar solo es ser invisible en la multitud. 

La soledad es el espacio más importante de tu vida, el espacio donde estar con tu otro yo esencial.

En esos instantes de inequívoca ternura asoma tu otro yo más tierno que te busca para jugar y tratar de darte otro aviso; trata de decirte que no huyas más, que le sigas y dejes de apagarle con el ruido de tu televisión y/o con la distracción de las redes sociales.

“¡Escúchame!” quiere decirte. “Tengo algo que contarte, tengo momentos para recordar contigo.

No me dejes solo, no me des la espalda.

Soy tu infancia, soy tu esencia…

¡Mírame!”.

Fragmento extraído de “Ensayo sobre Aladuría”. Ya la venta en www.muevetulengua.com