Nos enseñaron a educar en democracia.

Nos enseñaron a educar en democracia y, sin embargo, hay muchas conductas que tenemos prohibidas.

Ser agresivo manifiesto es motivo de castigo, ser obediente y callado es motivo de premio, escuchar al maestro es lo óptimo y estar mirando por la ventana merece, a menudo, una reprimenda… ¿Hacia dónde están mirando esos niños que no cumplen con lo que la escuela dicta?

Permitir que todas las singularidades sean expresadas posibilita una sociedad comprometida en la que todo mirar es aceptado.

¿Y si el niño que expresa agresividad es el niño que el sistema-aula necesita para mostrar lo que el resto no puede expresar?, ¿Cómo se siente el niño que está mirando por la ventana?, ¿Hacia dónde está viajando?

No podemos educar en empatía si no somos capaces de aceptar al otro desde la diferencia que nos une: Nuestra singularidad.

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Fragmento extraído del libro “Aladuría y el reencuentro con nuestra esencia”. Capítulo 2. A la venta en octubre de 2017.

+ info en www.mundoaladuria.com

ilustración Kyle Coban

En la capital de aquel país todos querían ser famosos.

En la capital de aquel país todo el mundo hacía lo imposible por ser famoso. No importaba la disciplina ni el cómo lograrlo. El mayor reconocimiento consistía es ser famoso y resaltar por encima de los demás.

Había grandes cantantes, brillantes trapecistas, ingeniosos escritores y excelsos bailarines. Todos buscaban por encima de cualquier cosa llamar la atención y ser mejor que los demás.

Así el cantante era capaz de llegar a notas que los demás solo podían soñar, el trapecista se atrevió a dar un triple salto mortal sobre una fosa llena de cocodrilos y terminó, con terrible resultado, cayendo al fondo de la laguna. El escritor publicó un libro escrito al revés y el bailarín generaba piruetas imposibles.

Todos aplaudían y se llenaban la boca de asombro. Pero siempre había alguien que superar la hazaña anterior, siempre había un bailarín que hacía un pirueta más compleja, y un cantante que cantaba más agudo. Siempre buscando la fama, buscando ser reconocidos.

Un día un viajero de otras tierras pasó por la plaza donde todos estaban practicando sus genuinos dones y algo sucedió. De repente todos pararon al ver qué ese hombre no hacía más que observar. ¿Quién es? -Decían todos- “Es un viajero de otras tierras” -Respondieron-.

Quedaron tan chocados con su presencia que comenzaron a hablar de él sin cesar. Se preguntaban en qué disciplina iba a concursar y de con qué destreza iba a buscaba la fama.

Hasta que el maestro bailarín se acercó y le dijo: Oye que estás haciendo aquí, qué tipo de fama buscas. ¿Qué vienes a demostrar?

Yo no busco fama, respondió el viajero.

Yo sólo pasaba por aquí y me quedé a observar. No vine a concursar.

Y así fue como el extraño viajero terminó siendo el más famoso de su pueblo por los años de los años.

Nunca nadie superó su hazaña.

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Fragmento extraído del Libro “Hacia la Aladuría: Sobre el reencuentro con nuestra esencia” Libro 1. Próximamente a la venta.
Ilustración de Isabel Hojas