Al llegar al casa el Padre

Al llegar a casa el Padre, ha de hacer un ejercicio de tragarse la ciudad.

Ha de masticar pecho adentro la insomne cantidad de suciedad que habita en las afueras… y adentrarse, con el alma ajada y el rostro habitable, en el interior del hogar.

Su cuerpo ha ido esparciendo por las escaleras las escorias propias del mundo real y su interior dolido… Por cada paso que le acerca a la puerta del hogar un pena cae al suelo.

Y así se acerca al momento en el que girar la llave.

Sabe que tras ese giro su rostro, su cuerpo y sus manos tendrán que abrirse y tornarse en bálsamo y calor para la criatura que adentro juega, ríe y brilla.

Eso es algo inevitable. Sabe que pasará y todos los Padres lo sabemos.

” Y hay como un código invisible en todos los Padres y Madres del mundo: proteger a la cría de la suciedad, la mentira y el dolor del Mundo. No transferir la pena propia. ”

< Las penas las dejo afuera, el dolor lo llevo adentro > se dice mientras cruza el arco del hogar.

Y en esas asoma por la esquina y como un rayo la pequeña mota de vida. Y envuelta de inocencia y energía superlativa le abraza y comienza a mostrarle la cantidad de cosas que hizo en la escuela, con los amigos, en el parque, en el salón…

Y él se deja llevar, porque ser Padre es eso… dejarse llevar por la vida incipiente, abandonar los ruidos propios y ceder al presente colorido.

Y sin darse cuenta en pocos minutos esta sentado en el salón, jugando a no sé que cosa mientras nota como tiran los testigos sombríos que dejó afuera… en la escalera.

Entonces la cabeza manda directo un estallido al cerebro que procura desequilibrio en su bienestar y le invita a ocuparse de la pena que dejó tras la puerta.

Y ahí es cuando uno debe elegir: Darle atención a la escalera o la tierna primavera que juega en el salón.

Y sí.. ser Padre no es fácil, a veces nos pueden los portales y otras nos conquista la flor.

A veces soy buen padre (se dice) y otras, lo soy pero triste y con dolor.

A veces soy yo el que cuido y otras…

Me cuido, regando una flor.

Ser Padre… no es fácil.

Extraído del borrador de mi próximo libro “Crianza Poética”.

#crianzapoetica #hembramaga #julianbozzo

La ayuda se presta.

 
Nadie dice “te vendo, te regalo, te compro”… Porque es así.. La ayuda se presta.
 
No es tuya.
No las puedes poseer.
 
Cuando alguien te ayuda sucede un hilo mágico entre toda la humanidad.
 
Eso que te fue entregado debe ser devuelto a otra persona. Y así, a otras tantas manteniendo el círculo infinito de préstamos almáticos.
 
Las personas prestamos la ayuda. Una ayuda que ayer se nos entregó y que mañana habremos de devolver.
 
Sentir que la humanidad es un entramado de caricias cuyo eco es insondable vierte sobre mi pecho una suave sensación de río. Un devenir de cachorro universal que me hace ver al otro como compañero extremo en esta pérdida que supone estar vivo.
 
Porque la vida duele. Fundamentalmente duele.
 
Porque se habla mucho de la valentía del levantarse tras la piedra. Del YO puedo, del YO soy, del YO recorrí solito la senda…
 
Pero … reconocer la mano, reconocer el guiño del transeunte que nos invitó a recogernos en la ayuda del tropiezo no es bien reconocido por los Ministerios de nuestra Libertad interna.
 
Saber prestar ayuda, saber recibirla y darla… muestra un grado enorme de humanidad y sabiduría.
 
Sin ayuda… ¿Qué sería de la educación?
 
Nacemos necesitados de ayuda.
 
Durante varios años nuestras papás nos sostuvieron.
 
Sin ellos no habría vida.
 
Esa ayuda se nos prestó.
 
Y nosotros hemos de hacer lo propio para que la rueda gire y siga girando.
 
Se habla mucho del “YO fui capaz de… “… Como si decirlo fuera mayor empresa que la de aquel que dijo “A mi me prestarnos ayuda y así recorrí aquel sendero..”…
 
Eso no vende bien.
 
Eso no consigue followers.
 
Todos quieren ser Quijotes,
ninguno Sancho Panza.
 
¿Sabes qué?
 
Dar y recibir ayuda te hace más héroe que cualquier otra cosa.
 
Recuerda. Los Héroes, llevan disfraz y no tienen familia.
 
Tienes followers.
 
Pero duermen solos cada noche.

Antes de irte,  dale una caricia al alma de la persona que ayer fue hogar.

Me sorprende la capacidad que tienen algunas personas para romper una relación a través de un mensaje. Me resulta increíble.

El dolor que provocan en los demás es tan inmenso, tan gigante… las despedidas no deberían ser así.

Cuando has mirado a una persona a los ojos, y has estado jugando y amándote en ella… no puedes irte así.. no puedes hacerle eso.

Le diría a quien se marcha así que por no ser capaz de haber sostenido el abandono, a ella siempre la abandonarán. Desde mis saberes y doctorados le diría: Querid@, eso que haces, siempre te lo harán a ti…

Pero luego mi corazón le diría que así no… que es importante cuidarnos, que la vida es hostil, que el mundo es agrio… y que cuando miras a alguien a los ojos y te dejas ver en él… tienes que ser capaz de mirarle al corazón y acariciarle en tu ida.

Porque esta bien, te quieres marchar. Todo bien. Pero mira antes de irte. Cuida el jardín del otro. Porque quizás y solo quizás, tu luz daba calor a una parte suya… una parte suya que abrió para ti. Y sólo para ti.

Estamos escasos de jardines y de personas-ventana que se dejan ver, para que encima luego lleguen otras personas con alma de rincón y siembren miedo donde antes había amor y entrega.

Porque cuando uno se va así… sin más… sucede en el alma un desierto. Tu ausencia les duele.

Porque entiéndelo. Este mundo duele porque gente así no fue capaz de sostener su propio dolor, su propio miedo al afrontar ventanas ajenas.

Y se marcharon, creyendo que no pasaba nada.

Y si pasó.

Pasó que esas personas quedaron expuestas.
Dolidas.
A la intemperie.

Pasó que al irte tu cobardía se coló por sus ventanas.
Y entonces se hizo más grande el muro.

Ese muro que un día conociste y prometiste romper con ella.

Y así fue tu factura por la vida de aquella persona que un día te miró a los ojos y te dejó entrar. Esa fue tu huella; podías haber sido universo, pero no… tuviste que marcharte con dolor.

Te asustaste, lo sé.
Te dio miedo verte crecer y te marchaste.
Todo bien.

Pero no abandones.
Vete,
pero no abandones.

Antes de irte,
dale una caricia al alma de la persona que ayer fue hogar.

Atrévete a recoger lo que con ímpetu ayer sembraste.

Antes de irte,
da un beso de buena suerte,
de buen camino,
de gracias por todo.

Antes de irte,
cierra la puerta.

– Maestro. ¿Cuál es la virtud más importante que ha de tener un hombre sabio?

– Maestro. ¿Cuál es la virtud más importante que ha de tener un hombre sabio?

+ Aprender a recogerse del suelo. – respondió-

– ¿Recogerse?- respondió el alumno confuso- ¿No será levantarse?

+ Para nada querido Átato. Levantase implica empuje y decisión, falsa fortaleza y huída del suelo. Los hombres que huyen del suelo están condenados a sentir el fango como escuela provisoria, como antesala de un salto mejor. Y vivirá envuelto de falso optimismo y ceguera. Sin embargo, “recogerse” implica en ese acto un componente enteramente humano, frágil, vulnerable…

El hombre que es capaz de abrazarse allá donde todo estuvo roto, que es capaz de mirarse con condescendencia y compasión, con ternura y luto… será capaz de educar luciérnagas. Pues el respeto por la luz propia nace el mismo día que uno siente que pudo apagarse… y nada pasó.

(…)
—-

Notas de mi próximo libro “La educación de la luciérnagas” 🙂