La envidia nace cuando esperas que el otro deje de darse lo que tú no te das.

– Maestro; Me pasa que a veces vierto ira sobre aquellos que gozan de espontaneidad a mi lado. Me sucede que proyecto en voz de odio, palabras y pensares que buscan dolerles el alma…
 
¿Qué puedo hacer?
 
+ Procura amor querido mío.
 
Cada vez que sientas que en tu corazón se posa el ave de la envidia, cada vez que sientas que tu alma se llena de ojeras…
 
Recuerda: La envidia nace cuando esperas que el otro deje de darse lo que tú no te das.
 
Esperas que el otro bese el lodo y convierta en fango lo que tú vives escondido. Quieres convivir con sus bajezas porque no aceptas desplegar tus alas. Buscas que el otro repte, buscas que el otro no goce arboledas, y viva siempre con la cabeza baja y el corazón hundido.
 
Crees que su tristeza, te da alegría.
 
Pero no es así.
 
Cuando abrimos herida en un corazón ajeno y en nuestro sentir amanece una sonrisa, no estamos más que dándole escena al monstruo que hace años nos hirió.
 
Y cuando en nosotros brota una risa o carcajada nacida del dolor no propio, asoma en el fondo un llanto nuestro que nunca cesó.
 
Reír, a veces, es la ceguera de aquel que no dio lágrima a un dolor.
 
Por eso querido alumno, procura amor. Invierte tiempo y alegría en abrir las ventanas de tu alma sabiendo, que cuando niegas al otro estas borrándote a ti mismo.
 
Recuerda:
 
La envidia nace cuando esperas que el otro deje de darse lo que tú no te das.
 
El amor nace cuando comienzas a darte lo que esperas del otro.
 
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Ilustración : Claudia Tremblay
 
Extraído del borrador de mi libro “La Educación de las Luciérnagas”.
 
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En la capital de aquel país todo el mundo hacía lo imposible por ser famoso.

En la capital de aquel país todo el mundo hacía lo imposible por ser famoso. No importaba la disciplina ni el cómo lograrlo. El mayor reconocimiento consistía es ser famoso y resaltar por encima de los demás.

Había grandes cantantes, brillantes trapecistas, ingeniosos escritores y excelsos bailarines. Todos buscaban por encima de cualquier cosa llamar la atención y ser mejor que los demás.

Así el cantante era capaz de llegar a notas que los demás solo podían soñar, el trapecista se atrevió a dar un triple salto mortal sobre una fosa llena de cocodrilos y terminó, con terrible resultado, cayendo al fondo de la laguna. El escritor publicó un libro escrito al revés y el bailarín generaba piruetas imposibles.

Todos aplaudían y se llenaban la boca de asombro. Pero siempre había alguien que superar la hazaña anterior, siempre había un bailarín que hacía un pirueta más compleja, y un cantante que cantaba más agudo. Siempre buscando la fama, buscando ser reconocidos.

Un día un viajero de otras tierras pasó por la plaza donde todos estaban practicando sus genuinos dones y algo sucedió. De repente todos pararon al ver qué ese hombre no hacía más que observar. ¿Quién es? -Decían todos- “Es un viajero de otras tierras” -Respondieron-.

Quedaron tan chocados con su presencia que comenzaron a hablar de él sin cesar. Se preguntaban en qué disciplina iba a concursar y de con qué destreza iba a buscaba la fama.

Hasta que el maestro bailarín se acercó y le dijo: Oye que estás haciendo aquí, qué tipo de fama buscas. ¿Qué vienes a demostrar?

Yo no busco fama, respondió el viajero.

Yo sólo pasaba por aquí y me quedé a observar. No vine a concursar.

Y así fue como el extraño viajero terminó siendo el más famoso de su pueblo por los años de los años.

Nunca nadie superó su hazaña.

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Fragmento extraído de mi libro “Aladuría” A la venta en Mueve Tu LenguaEspaña y México. Amazon, El corte inglés…

Ilustración Rodmi Cordero Cordero

Antes de irte,  dale una caricia al alma de la persona que ayer fue hogar.

Me sorprende la capacidad que tienen algunas personas para romper una relación a través de un mensaje. Me resulta increíble.

El dolor que provocan en los demás es tan inmenso, tan gigante… las despedidas no deberían ser así.

Cuando has mirado a una persona a los ojos, y has estado jugando y amándote en ella… no puedes irte así.. no puedes hacerle eso.

Le diría a quien se marcha así que por no ser capaz de haber sostenido el abandono, a ella siempre la abandonarán. Desde mis saberes y doctorados le diría: Querid@, eso que haces, siempre te lo harán a ti…

Pero luego mi corazón le diría que así no… que es importante cuidarnos, que la vida es hostil, que el mundo es agrio… y que cuando miras a alguien a los ojos y te dejas ver en él… tienes que ser capaz de mirarle al corazón y acariciarle en tu ida.

Porque esta bien, te quieres marchar. Todo bien. Pero mira antes de irte. Cuida el jardín del otro. Porque quizás y solo quizás, tu luz daba calor a una parte suya… una parte suya que abrió para ti. Y sólo para ti.

Estamos escasos de jardines y de personas-ventana que se dejan ver, para que encima luego lleguen otras personas con alma de rincón y siembren miedo donde antes había amor y entrega.

Porque cuando uno se va así… sin más… sucede en el alma un desierto. Tu ausencia les duele.

Porque entiéndelo. Este mundo duele porque gente así no fue capaz de sostener su propio dolor, su propio miedo al afrontar ventanas ajenas.

Y se marcharon, creyendo que no pasaba nada.

Y si pasó.

Pasó que esas personas quedaron expuestas.
Dolidas.
A la intemperie.

Pasó que al irte tu cobardía se coló por sus ventanas.
Y entonces se hizo más grande el muro.

Ese muro que un día conociste y prometiste romper con ella.

Y así fue tu factura por la vida de aquella persona que un día te miró a los ojos y te dejó entrar. Esa fue tu huella; podías haber sido universo, pero no… tuviste que marcharte con dolor.

Te asustaste, lo sé.
Te dio miedo verte crecer y te marchaste.
Todo bien.

Pero no abandones.
Vete,
pero no abandones.

Antes de irte,
dale una caricia al alma de la persona que ayer fue hogar.

Atrévete a recoger lo que con ímpetu ayer sembraste.

Antes de irte,
da un beso de buena suerte,
de buen camino,
de gracias por todo.

Antes de irte,
cierra la puerta.

¿Quién dijo que no se podía viajar en el tiempo? (Feliz día de Reyes Magos)

Revivir el día de hoy… desde el niño que fui.

Amar es recordar. Amar es también regresar al lugar donde nuestro corazón fue espuma dorada. Porque el amor es ante todo, un viaje… Un salir de mi para llegar a ti, para llegar a un nosotros en gerundio que se divierte siendo “aquí y ahora”.

Y en ese regreso estuve hoy. Jugando a tener 3 años, 5 y 7. Le decía a mi hija “-¿Tesoro, escuchas los camellos? Están fuera de la casa!”; y ella, dulce vida, me respondía con los ojos abiertos un extenso y amoroso : “Si papi… Les escucho”.

Hermoso darme en este legado. Porque al decir esas frases y probar esos juegos también jugaban dentro mi las voces y los rostros de mis padres. Y de pronto sentía como por mi boca salían emociones que llevan viviendo en mi más de 30 años.

Me escuchaba hablar y sentía como era mi madre quien jugaba. Me observaba diciendo ” Mi vida, los Reyes son mágicos y entran por la ventana” y a la vez notaba en el pecho la voz cálida y tierna de mi padre.

Qué precioso poder vivir esto. Qué hermoso poder acompañar a alguien hacia esa magia. Qué hermoso poder revivirla yo también. Tener 4 años, aunque habite los 37.

Por amar es recordar. Amar es volver a pasar por el corazón. Como anuncia su etimología (Recordar = re-cordis). Pues eso, la paternidad ofrece esa capacidad de viajar a lo que aún habita en ti, a lo que aún vibra pero el tiempo y el miedo borraron. La paternidad es una hermosa ventana desde la que poder mirarte en los espejos de todas tus edades.

Amar y regresar con un ramo de flores en la boca. Y regresar con una bandera preciosa con la que transitar la vida desde el adulto feliz y pleno.

Porque amar es recordar.

Y a mi la paternidad me enseñó eso. Me enseñó a recordar desde el corazón limpio y puro que supone la infancia.

Mi regalo de hoy fue volver.

¿Quién dijo que no se puede viajar en el tiempo?

Creo que fue alguien que nunca amó,
alguien que nunca parió, ni vio salir de su alma una criatura.

La infancia es un espejo, hermoso; desde el que volver a abrazar a tu madre como si ya no te diera vergüenza. Desde el que poder mirar a tus padres como si fueran el centro de todo.

La infancia es un espejo.
La paternidad un viaje hacia tu infancia
y el amar es recordar.

Amar es volver a pasar por el corazón.

Feliz día de Reyes a todos 🙂