Los niños saben vivir en el «no sé», pero nosotros no

Sobre la Sociedad. Capítulo 2.
 
… Los niños saben vivir en el «no sé», pero nosotros no. Nosotros necesitamos creer que sabemos aunque, para ello, tengamos que mentir. Como el niño vive en la incertidumbre y nosotros no sabemos vivir allí, lo que hacemos es arrancarle de su mundo para traerlo al nuestro porque, en el nuestro, tenemos cierto control y el suyo nos asusta. En la incertidumbre siempre hay preguntas y cosas por resolver y los adultos no sabemos estar en los procesos; a los adultos solo nos interesa creer que hemos llegado a algún final.
 
En la escuela, las preguntas siempre van dirigidas a que el niño responda y eso le impide ser capaz de jugar con sus bosquejos internos; eso hace imposible que su esencia salga a explorar y a bailar. A nuestra esencia no le interesan los caminos rectos, no le interesa la prisa del otro ni el deseo de cerrar una puerta. Nuestra esencia siente que, cuando cierra una puerta, una parte de ella muere. No le interesa sentenciar ni atar; le interesar dar vueltas, mezclarse, jugar, besar, palpar, recorrer y ser libre. Nuestra esencia quiere poder desligarse de lo antiguo y transitar hacia una nueva forma.
 
A nuestra esencia le gusta la libertad, le gusta estar en suspensión porque confía en que, solo en suspensión, se puede crecer y evolucionar. Y, tiempo más tarde, quizás dentro de muchos años, volverá a encontrase con esa pregunta que se hizo tiempo atrás y es posible que la responda o quizá no. Quizás la vuelva a mirar y se quede deambulando por la estela que genere, pero eso no le supondrá ningún problema porque le encanta el aroma de las cosas por resolver.
 
Nos educaron para cerrar, amarrar, guardar, tener… Nos educaron para dar respuestas, es decir, para tener las puertas cerradas. Nos educaron para todo lo contrario a lo que nuestra esencia precisa.
 
 
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Fragmento extraído de mi libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad” Editado por Mueve Tu Lengua
 

¿Quién dijo que no se podía viajar en el tiempo? (Feliz día de Reyes Magos)

Revivir el día de hoy… desde el niño que fui.

Amar es recordar. Amar es también regresar al lugar donde nuestro corazón fue espuma dorada. Porque el amor es ante todo, un viaje… Un salir de mi para llegar a ti, para llegar a un nosotros en gerundio que se divierte siendo “aquí y ahora”.

Y en ese regreso estuve hoy. Jugando a tener 3 años, 5 y 7. Le decía a mi hija “-¿Tesoro, escuchas los camellos? Están fuera de la casa!”; y ella, dulce vida, me respondía con los ojos abiertos un extenso y amoroso : “Si papi… Les escucho”.

Hermoso darme en este legado. Porque al decir esas frases y probar esos juegos también jugaban dentro mi las voces y los rostros de mis padres. Y de pronto sentía como por mi boca salían emociones que llevan viviendo en mi más de 30 años.

Me escuchaba hablar y sentía como era mi madre quien jugaba. Me observaba diciendo ” Mi vida, los Reyes son mágicos y entran por la ventana” y a la vez notaba en el pecho la voz cálida y tierna de mi padre.

Qué precioso poder vivir esto. Qué hermoso poder acompañar a alguien hacia esa magia. Qué hermoso poder revivirla yo también. Tener 4 años, aunque habite los 37.

Por amar es recordar. Amar es volver a pasar por el corazón. Como anuncia su etimología (Recordar = re-cordis). Pues eso, la paternidad ofrece esa capacidad de viajar a lo que aún habita en ti, a lo que aún vibra pero el tiempo y el miedo borraron. La paternidad es una hermosa ventana desde la que poder mirarte en los espejos de todas tus edades.

Amar y regresar con un ramo de flores en la boca. Y regresar con una bandera preciosa con la que transitar la vida desde el adulto feliz y pleno.

Porque amar es recordar.

Y a mi la paternidad me enseñó eso. Me enseñó a recordar desde el corazón limpio y puro que supone la infancia.

Mi regalo de hoy fue volver.

¿Quién dijo que no se puede viajar en el tiempo?

Creo que fue alguien que nunca amó,
alguien que nunca parió, ni vio salir de su alma una criatura.

La infancia es un espejo, hermoso; desde el que volver a abrazar a tu madre como si ya no te diera vergüenza. Desde el que poder mirar a tus padres como si fueran el centro de todo.

La infancia es un espejo.
La paternidad un viaje hacia tu infancia
y el amar es recordar.

Amar es volver a pasar por el corazón.

Feliz día de Reyes a todos 🙂

El frío del desierto, duele.

Para todas aquellas personas que están en la mitad del camino del Ser, en mitad del proceso de la Gestalt.. bien necesité estas palabras años atrás y nadie me las dio (sin duda, parte del proceso)… Estas palabras que hoy comparto con ustedes y especialmente con los alumnos de la Formación en Aladuría, espero que hagan eco allá donde no llegué la luz…

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…. Sepan sólo que es normal, que el frío del desierto duele. Duele sentir que estábamos todo el rato desnudos, duele sentir que todo lo que creemos tener por verdad es solo un niño jugando a pinchar la luna con un palito. Duele sentirse del otro lado del espejo.

Regresar del desierto con un ramo de flores. Regresar al hogar, al tierno hogar de la Iliada, envueltas de Homero, de corazón abierto… Duele, duele verse. Duele descoserse desde la palma de la mano hasta la cabellera.. Duele darle vuelta a la piel, quedarse en músculo y luego en hueso y luego en nada.

Ánimo chicas, el dolor pasará.. Les digo desde este lado del mar, desde esta otra parte de la orilla… Sintiendo mío ese dolor suyo, sintiendo mío el desgarro de la muerte consciente que trae este espejo llamado grupo, esencia y Gestalt.

El espejo reirá el día que dejemos de creer que somos algo, que sabemos algo, que tenemos algo… El único aforismo válido es “solo se vive una vez”. Una frase boba, venida de bocas vociferantes que al gritarla parece sentirse dueñas del remedio vital. Pero en el fondo… es eso “Vive la vida”. Ésta y no otra y no mañana y no después… esta vida, pálida, multicolor, vacía, plena, radiante, triste, lúgubre y amistosa… toda ella … sin mediar frontera.

Sería descortés negarle el abrazo a un niño así como también lo sería no darle techo al apaleado… Pásense la mano, la caricia del viajero sediento.. porque eso son ustedes también.

Viajeras confusas, mujeres magas con necesidad de espada y mantita en hoguera. Reírse es una forma de cuidar al lobo que olvidó dejar de mirarse como un cachorro de colmillos grandes…

Pasarse la mano, acariciarse y repetirse “todo pasará mi vida, eres bella y estamos aprendiendo”.

Mirarse con ternura de madre, con hálito de amiga sincera… mirarse con los ojos de la condescencia más humana y terrenal.

Amigarse con la aprendiz y la eterna siembra del corazón desnudo.

“Ánimo damas bellas” Les digo desde el otro lado de la orilla. Yo también tengo miedo, yo también estoy asustado, yo también tiemblo al cruzar el espejo…

El dolor es necesario.

El sufrimiento, es opcional.

Ilustración Marcos Soria

No es tu culpa sentir que la maternidad no es lo que esperabas.

No es tu culpa sentir que la maternidad no es lo que esperabas.

No lo es.

No es tu culpa sentir que tu hijo te frenó la vida, que hiciera que tus antiguas relaciones y tu ocio desaparecieran, que tu capacidad de trabajo se viese mermada y que todo tu mundo se diese la vuelta.

Porque es verdad.

Porque ser Padre o Madre no es tarea simple.

Pero… ¿Acaso alguna relación lo es?

No nos enseñaron a nacer, no nos enseñaron a compartir un camino.

Nos enseñaron a mirar al otro y hacerle cumplir con nuestros deseos.

A eso la sociedad lo llamó amor. Sigue leyendo