Lo difícil es habitar la ternura en este mundo tan rápido y frágil.

No hay niños difíciles.

Hay adultos asustados.

Adultos que le tienen miedo al tiempo y por eso viven dentro de un reloj.

Pero los niños no, ellos no. Ellos saben que una hora no es el tiempo que tarda la manija flaquita en dar una vuelta al sol que los adultos llevamos en la muñeca.

Para ellos una hora no tiene segundos. Para ellos una hora es “tierra-pala-pájaro-nube-amigo-brisa-perrito-agua-voltereta-mami-tropezón-llanto-tejado-hormiga-merienda-beso-abrazo-papá-cosquillas-cielo…”

Los niños nos devuelven la ternura, el amor por lo sutil.

Y eso nos molesta.

Porque nada de eso cabe dentro de un reloj.

La infancia nos invita a parar y como no sabemos hacerlo.

Castigamos. Gritamos.

Ponemos por encima nuestra inseguridad.

No hay niños difíciles.

Sólo hay adultos asustados.

Y con mucho reloj, con una extensa agenda.

Y nada de tiempo.

____

Fragmento extraído del Borrador de libro “La educación de las Luciérnagas”.

Muy pronto a la venta!!!

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