+ Papá, ¿Tú que haces con el miedo? ¿Cómo te enfrentas a él?

– ¿Yo? Yo no le encaro. Le dejo entrar en casa, le invito a sentarse en el salón; ahí le invito a conversar y luego le dejo un rato a solas.

+ ¿Para qué?

– Para que sienta el placer de tener un hogar.

El miedo sólo es el amor a la intemperie.

El amor que no tuve Padre, ni Madre, ni hermanos ni amigos.
El miedo nunca tuvo una charla al atardecer como tenemos tu y yo.
Al miedo nunca le dieron una beso de buenas noches.
Ni tampoco le festejaron un cumpleaños sorpresa.

Enfrentarse al miedo
gritarle.

Es abandonarle a una suerte peor.

La próxima vez que sientas miedo hija mía.

Abre la puerta.

Y trátale como tratarías a un animalito herido.

(…)

Del Borrador de mi próximo libro “La Educación de las Luciérnagas”

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