(…)
 
 
Mi madre siempre me educó para ser perfecto. Y así lo logró.
 
Cuando le entregaba un dibujo y las montañas eran rojas y el sol estaba a medio hacer, lo pájaros se posaban mitad en el aire y mitad en la ramas, los personajes tenían los cuerpos desproporcionados ella al mirarme me decía :
 
¡ Mi amor, es bellísimo! Muchas gracias. Es perfecto.
 
Y con esas volvía al cuarto a seguir con mis aventuras aladopajariles.
 
Si de tarde le contaba la historia de un niño que tenía peces en un cajón que al escuchar el viento del otoño entonaban una hermosa canción, ella me volvía a responder;
¡ Mi amor, es bellísimo! Muchas Gracias por contarlo. Es perfecto.
 
Hasta que un día fui a la escuela y el maestro nos mandó hacer un dibujo y así lo hice yo.
 
Pero cuando me vio pintar las montañas de color naranja me dijo “eso no están bien, las montañas no son naranjas”.
 
Arréglalo hasta que quede perfecto”.
 
Esa tarde regresé a casa triste y le conté a mi mamá lo que había pasado en la escuela.
 
Y me dijo:
 
“La perfección es una palabra que puedes poner antes o después de saltar.
 
Si la pones antes, harás que los demás sean felices.
 
Si la pones después, te harás feliz a ti y a quienes amen tu corazón”.
 
Lo único perfecto es lo que se comparte.
 
____
 
Extraído de mi libro “Aladuría” Editado por Mueve Tu Lengua A la venta en todas las librerías España y México.

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