(…) La escuela, en vez de ser un espacio al servicio del niño, es un espacio al servicio del adulto y del poder; no está diseñada ni pensada para mirar la esencia del ser humano y hace todo lo posible por cortarla y castrarla. Lo hace aunque no se dé cuenta y, cada día, lo hace con más virulencia.

¿De qué manera logra esto? Haciendo que la escuela sea un espacio que mira a la infancia como un producto del adulto. La escuela no ve al niño como presente, sino que lo ve como “el adulto que un día será” y eso hace que no se pueda disfrutar de la realidad que el niño está viviendo. Si a un niño de 5 años, que se pasa el día jugando y bailando, le digo que tiene que estar tranquilo y calmado, lo que estaré haciendo será poner mi necesidad por encima de la suya. Es decir, le estaré educando para que permanezca quieto y que no haga ruido, le estaré educando en las características del hombre adulto aburrido.

Lo auténticamente educativo es aprender de su energía y jugar a mirar la vida desde donde él lo hace, pero los adultos tenemos un aire de superioridad y soberbia y no entendemos que podamos aprender de los niños y todo lo que rodea a la infancia. Tal vez eso se deba a que pensamos que la vida es lineal y que, al haber transitado ya la infancia, la tenemos superada y no necesitamos nada más de ella. ¡Cuán equivocados están aquellos que piensan así!

El maestro aún no entendió que la vida es una red, que la vida no es una suma de etapas cronológicas. La infancia no hay que superarla, la infancia es un momento de nuestra vida que debe convivir siempre con nosotros porque es la patria de la ilusión, de la magia y de la esperanza. La adolescencia es la etapa de la rebeldía y del dolor. Las etapas nunca se superan, no son una carrera de obstáculos, solo aprendemos con el paso de los años, a convivir con ellas de forma más orgánica, creativa y consciente.

Cuando digo orgánica me refiero a que se desarrolla de manera libre y siguiendo un ritmo interno y natural. Orgánico como el movimiento de una semilla hacia afuera. Es un movimiento vivo y nada forzado, un movimiento parecido al correr del agua de un río.

Para escribir este libro hay un adulto que capitanea las acciones; un adulto, simpaticón y agradable, que sabe sacar lo mejor de sus habitantes internos. Él sabe la dirección y el destino de este escrito y está trabajando lo mejor que sabe para que este barco llegue al puerto deseado. Luego está el motor, que es puramente adolescente; una entraña hervida en rabia y energía visceral, confusa y ardiente como un látigo irracional y súbito, lleno de ganas y gritos. Quien pone la magia y lo infinito es la infancia, que no se conforma con la realidad y la transforma creando mundos paralelos donde todo puede ser posible. Todos conviven en el interior de este libro. Sería una bobada pensar que este libro está siendo escrito únicamente por una mente adulta.

Como decía, la escuela trata a la infancia como un peaje, como una etapa de preparación para ser adulto, pero no como una etapa en sí. La escuela no trata la infancia como un espacio propio del ser humano en el que está germinando una existencia independiente al ser una adulto trabajador.

La imagen de “ser humano adulto que tiene la escuela” es la de un adulto trabajador y no la de un adulto amoroso o bondadoso ni la de un adulto creativo. Tiene la idea de educar a los niños para que sean lo más parecidos posible a los adultos; se les enseña a leer lo antes posible y, si puede ser, mejor en inglés. También se le viste con nuestra moda y se les incita a tener nuestros gustos y a ver la misma programación televisiva que nosotros. Es tal el ataque que recibe la infancia que incluso a algunos niños se les medica como si fueran adultos.

La escuela anula por completo la infancia ya que solo ve proyectos de adultos que están por hacer y moldear; solo ve niños que tienen que llegar a una “norma”, que tienen que ser de una determinada manera para pasar una serie de exámenes que certifiquen que han cumplido con los requisitos necesarios para el proyecto de adulto que se deseaba.

(…)

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Fragmento extraído del libro “Aladuría: El camino hacia la Creatividad”. Editado por Muevetulengua http://www.muevetulengua.com

@bozzojulian

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