Verse en el otro.

Dejar que entren sus palabras, su mirada, su hiriente verdad.

Ser capaz de soportarlo.

De aparcar orgullo.

De sentir que todo lo previo era tan solo una mentira.

Un actor fatigado.

Exhausto.

Carente de amor, de caricias.

Sentir la palabra del otro y dejarla entrar. Dejarse ir con ellas.

Sentir que no hace falta seguir alimentando al monstruo de la apariencia.

Ser y que no cueste. Ser y que no haya esfuerzo.

Simplemente Ser.

Dejar que el otro entre. Con su universo.

Y llorar si es preciso.

Revolverse si es necesario.

Gritar si así te nace.

y luego nacer
desde el adulto que se hace cargo,
desde el adulto envuelto en vida.

Eso es Aladuría.

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