Mamá tiene un radar,

un hogar en las mejillas,

besos que asoman de puntillas

de entre la noche cerrada.

Expuesto, su cuerpo se ofrece

y brota de su pecho un lazo

miel de madre en puro abrazo

que alimenta tu alma entera.

Yo la observo y me detengo

mientras escucho su canto:

“Bebe, hija de mi alma,

florecita de mi vientre,

mientras mi voz te acaricia

y tus párpados se duermen.

Bebe, hija de mi alma;

Toma, de mi centro, todo.

Darte vida me enriquece,

darte me llena de todo.

Bebe, hija de mi alma,

siente este calor hundido.

Cuando los cuerpos se mecen

y nuestro abrazo es un río.”

 

___

 

Extraído del disco libro  “En el corazón de la Hembra Maga”.

Más info en http://www.mundoaladuria.com

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