De qué te sirve ese corazón que tienes si no lo usas,
si tan sólo lo malversas, lo escondes,
lo reduces a un simple órgano conductor;
a la miseria del burócrata sanguíneo.

De qué te sirve ese corazón si frente a todo te amilanas,
si eres incapaz de dejarlo salir y lo guardas celoso
bajo el martillo armado de tu pecho.

De qué te sirve ese corazón si no lo usas,
no lo abres, no lo rompes, no lo sientes,
no lo abrazas.

De qué te sirve ese corazón
si no lo envuelves en poesía.

Si lo mantienes cautivo,
como a un perro hambriento
que, frente a cualquier asomo de caricia,
muerde.

De qué te sirve ese corazón
si lo proteges, si lo enmascaras.
Si lo alimentas de ventanas cerradas,
de paisajes desnutridos.

De qué te sirve ese corazón
si no lo abres,
si no lo sueltas,
si no lo llenas de poesía.

—-

2 comentarios en “De qué te sirve ese corazón

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