Cuando comencé a estudiar pedagogía nadie me dijo: “Espero que tengas suerte, que seas un catedrático reconocido, que tengas un gran despacho y que viajes por todo el mundo con hálito de transformar lo conocido, que encuentres logros y éxitos…”

Nadie dijo tal cosa. Cuando empecé a estudiar pedagogía nadie me dijo nada.

Sin embargo, a medida que iba terminando la carrera y me empezaba a dedicar a la música y en cierta medida al teatro, la gente sí me decía: “¿te vas a dedicar a la música? Espero que tengas suerte y que seas famoso, que ganes muchos premios…”. “¡Qué valiente!”, “Vales mucho, ¿Por qué no vas a la televisión? Seguro que ahí te ven y te cogen… bla bla bla…”.

En 2007, cuando decidí aparcar mis estudios de postgrado y comencé a vivir la realidad musical, encontré innumerables códigos, rémoras y actitudes frente a la vida que en la carrera de pedagogía y en la vida diaria jamás había visto.

De las primeras cosas que observé fue lo estrecho, competitivo, incapaz de fluir por fluir y de darse a la entrega desinteresada que era el mundo artístico. Observé con incredulidad que yacía cierta sombra junto a los artistas, que éstos buscaban la excelencia y el reconocimiento y que se limitaban a encontrar un asidero donde sentirse cómodos y reconocidos. A mí eso me pareció muy violento y no lograba entenderlo. Yo venía de la pedagogía; de un mundo en el que, como en todos, es necesario el esfuerzo para lograr una meta (ser catedrático, o doctor, o director tiene un camino más o menos claro) y además de esto, la pedagogía es un discurso que en su aprender logra hacer entender lo importante que es la calma, la confianza, el ritmo y la originalidad en los procesos. Allá en la carrera tenía un camino claro. Además, tenía sitio dentro de la universidad y sólo necesitaba una firma para continuar con mis estudios y encontrarme, al cabo de unos años, en el despacho de alguna universidad dentro de un departamento pedagógico.

Sin embargo, decidí inclinarme por la música y esta decisión fue claramente por vocación pedagógica. Sentía que tenía la cabeza muy bien amoldada pero que necesitaba conocer, para completar mejor mis estudios, la realidad externa. Un pedagogo es un ser y un sentir que actúan conjuntamente y tiene que ir donde su corazón vibra.

Entonces compaginé mi carrera musical con mi trabajo en varias fundaciones destinadas a la educación social.

El mundo laboral pedagógico no requiere reseña ni comentario en el tema a tratar este escrito. Es un mundo como cualquier otro en el que, si te esfuerzas y te haces notar y valer, puedes lograr ascender y tener un mejor puesto al cabo de los años. Repito: hay un camino, unas normas, un reconocimiento, una sensación de avance, un horizonte…

Sin embargo, en la práctica artística no hay nada de eso. En la práctica artística sólo hay palos de ciego; intentonas locas que al final logran que los artistas estemos enfrentados.

¿Qué le pasa al mundo artístico?, ¿por qué es tan difícil lograr vivir de la música? Estas son algunas de las preguntas que últimamente me hago y para las que me cuesta encontrar respuesta.

Siento que es porque la música no tiene una visión de futuro, porque quizás somos vistos como héroes en la oscuridad de la noche a los que un golpe de suerte les hace salir del anonimato para terminar siendo conocidos. La finalidad del músico/artista es ser conocido. Pocas veces se habla de un músico como de alguien ducho en lo que hace, como una auténtica eminencia en su campo. Obvio es que aquellas personas como Tomatito, Michel Camilo o Paco de Lucía no entran dentro de la inquietud de mi escrito pues, comparándolo con la pedagogía, sería como hablar de Max Van Mannen o  Richard Rorty, es decir, de personas que, por su capacidad y maestría, se sitúan en un universo de virtuosismo alejado. ¡Bien por ellos! Han dedicado sus días o bien a la práctica del instrumento, al cultivo de su imaginación y genialidad o bien han leído, reflexionado y propuesto horizontes invisibles para casi todos y entre ellos han encontrado un reconocimiento.

Sin embargo, un pedagogo cualquiera puede trabajar y dedicarse, en mayor o menor medida, a su labor educativa. Puede entrar en un centro y trabajar de educador y ahí tener la seguridad de un sueldo y de un espacio donde practicar y mejorar, pero un artista no tiene nada de eso. Un artista tiene que buscar un hueco, tiene que enfrentarse a la ausencia de logros, tiene que repensar su duende y practicar y practicar por un sueldo mínimo que, gran parte de las veces, no encuentra continuidad.

Y es ahí donde el artista se encuentra constantemente frente a una realidad que le puede. Todo son muros para él; esfuerzos que desmotivan, logros que raras veces sedimentan.

Somos una sociedad que no sueña, que no quiere transformar. Los artistas son transformadores, generadores de versiones del tránsito que supone la vida, personas que aportan a la vida aspectos fundamentales para un desarrollo sano. Sin embargo, los artistas que no queremos hacer obras de teatro de Zarzuela o los grupos musicales que no quieren hablar de la novia que les dejó, tenemos los días contados; al menos en este país, al menos en este lugar en el que al decir que “soy músico” la gente te dice: “¡¡¡Genial!!! ¿y en qué trabajas?”

Una sociedad sin artistas es una sociedad muerta. Somos una sociedad ciega a los procesos distintivos de la vida, a la confianza en procesos de realidad distintos, pero más allá de los recortes de un país que se desmorona, están los individuos que, a su vez, han sido criados en leyes educativas ciegas y alejadas de la realidad. Somos ciudadanos “anómicos, (término empleado por Durkheim para designar la falta de normas sociales para orientar a un individuo y el cómo ello lleva a los sujetos a estar en la vida como piedras).

Ser artista es ver la realidad con otras gafas, muy a menudo, con cierto tinte visionario. (Convendría, llegado este momento, leer el post Artistas y Proyectistas: ¿Hacia dónde mira el arte?). Muchos de ellos han sido reconocidos tras su muerte y/o ya llegados a la vejez (en este caso me refiero a artistas creadores, no a intérpretes de grandes orquestas). Me refiero a que un artista, como si de un niño con fracaso escolar se tratase, ve la realidad y la impugna; no se la cree. Un artista no puede ser un minero en busca de riqueza y es en lo que nos hemos convertido; en buscadores de riquezas, de reconocimiento por encima de nuestro arte, que es el que nos hace vibrar, sentir y comprender la vida desde otro punto de vista.

Pero no tenemos sitio y nos pasamos gran parte de nuestro hacer artístico luchando contra salas (ellas ni siquiera saben todo el mal que están haciendo no confiando ni trabajando por crear su propia identidad; viviendo así de nuestro público cavan sus propias tumbas), buscando maneras diferentes de promocionarnos, contactando con otros artistas, buscando trabajos… y cada vez nos queda menos tiempo para escucharnos, para sentir lo que nos mueve. Cada vez hay más ira, más ceguera, más rencor, más miradas de reojo y más ruido.

¿Qué pasa para que un músico no pueda tener una carrera musical?, ¿por qué, de tenerla, tiene que ser entre éxitos de grandes giras o teniendo una canción del verano?, ¿por qué el artista no puede tener un sueldo, una seguridad, un reconocimiento social?, ¿por qué el artista o es tremendamente mísero o tremendamente rico?; ¿qué pasa para que no haya nada en la mitad?

Es triste para un músico abandonar lo que siente que quiere hacer y también es triste para una sociedad que eso ocurra porque es una sociedad que anula lo infantil y lo inefable; es una sociedad que no cree en la transformación, pero sería cínico pensar que es el estado quien nos anula con sus recortes y leyes educativas. Somos todos. La sociedad no es sólo la suma de individuos. La sociedad, además de eso, limita y posibilita y todos quienes habitamos dentro de ella podemos reflexionar, sentir y ver; todos podemos pensar y actuar de manera distinta. Dicho de otra manera, somos nosotros los responsables de que el arte no tenga la identidad que merece.

Me duele ver cómo compañeros maravillosos de las artes no encuentran su sitio y van ocupando puestos de trabajo que matan su universo creativo. Me duele ver una sociedad donde al final tienes que ser un títere para que te vean. Me duele que, en el país en el que vivo, hablar de algo que no sea el abandono de tu novia no tenga eco. Me duele luchar por un mundo distinto en un mundo ciego donde, si no compito y vendo mis aleteos, nunca encontraré un apoyo.

Y así estamos los músicos: promocionándonos en facebook, twitter, etc; vendiendo a ultranza nuestro arte. “TIENEN QUE ESCUCHARME” (no deja de recordarme a esas necesidades que tenemos a los 6 años).

Al final del camino quedan los de siempre. La realidad vence a los diferentes. La realidad quiere escuchar lo de siempre y a los de siempre. La sociedad quiere que distintos autores le canten lo mismo con distintos tonos: canciones que hablan de carencias, obras de teatro que repiten lo que han visto, películas que son remakes de películas más antiguas…

¿Cuál es nuestra opción? no sé ni cuántos amigos míos actores son camareros o cuántos bailarines trabajan poniendo copas o haciendo anuncios. No sé. Y ya digo que no es que sea difícil, es que parece que es imposible. Quizás es el país, la gente que lo habita. Quizás sea un discurso cultural que siempre fue así en estas tierras.

Todo es complejo. Uno no sabe si es que es malo haciendo su labor, si es que la sociedad no quiere escuchar los mensajes que el artista distinto ofrece o si es que en realidad no quieren artistas que narren aspectos que confronten. Incluso puede ser que no se quieran soñadores. También puede ser que no queramos personas distintas, que sobresalgan (resquicios evidente de nuestra ley educativa LOGSE y tantas otras). Quizás no es nuestro lugar, quizás España sea el peor lugar del mundo para ser artista.

Y así parece, dicen muchos que han viajado.

Y entre todo eso estoy yo sintiéndome como un héroe en la búsqueda ciega de su éxito, convencido hasta la médula de que quiero hacer lo que siento aunque también sienta lo pedagógico como aleteo, pero ahora, cerca del final de un año que se desvanece, en una mano tengo la música y el teatro y en la otra habitan mis estudios de pedagogía.

Sé que, si abandono la música, el soñador se vestirá de negro y dejará de existir y es importante justificar (aunque parezca estúpido hacerlo) que el soñador no es un loco que no quiere trabajar sino todo lo contrario; es la esperanza de los hombres grises que habitan este mundo. Los soñadores luchan por los demás pues sus sueños en génesis son los sueños de una humanidad distinta aunque a veces terminen siendo individuos apáticos y esquivos. Entiéndanles… sólo han recibido rechazo.

¿Cuál es el lugar posible de un artista, la incomprensión, ser un pobre trabajando de cualquier cosa porque no puede dedicarse aquello que estudió y para lo que se formó? Entendamos que, el caso de muchos músicos, es el caso de gente que ha estudiado 12 años de piano. “¡¡¡Señores!!! ¿Doce años estudiando algo para ser cualquier otra cosa?” y no lo comparo con un médico o un maestro que ha estudiando y está trabajando de dependiente; no tiene nada que ver: ahí entran motivaciones personales, situaciones culturales y familiares. De alguna manera y en  algún lugar pueden encontrar un sitio aunque quizás ahora la cosa esté mucho más difícil.

¿Para qué cantan los poetas?, ¿Para qué bailan los danzarines?, ¿Para qué el arte?

Cada vez que un artista abandona su sueño, pesa más lo contundente.

Cada vez que un artista abandona su sueño, la vida es más monótona.

Cada vez que un artista abandona su sueño, la sociedad aprender a decir “No”.

19 comentarios en “¡Ah! ¿Eres Músico? ¿Y de qué trabajas? (Parte 1)

  1. Supongo que al otro lado de tus palabras estamos aquellos que nunca nos atrevimos a ser artistas. Aquellos a los que los “¿te vas a dedicar a la actuación? Espero que tengas suerte y que seas famosa, que ganes muchos premios… ¡qué valiente!… Vales mucho… ¿porque no vas a la televisión?…” nos pesaron demasiado. Yo no quería ser famosa, ni ganar muchos premios, ni ir a la televisión. Yo solo quería actuar. Y me dio miedo, porque actuar sin más no significaba nada en el mundo que yo conocía. Por eso estudié mi carrera, hice dos máster, publiqué libros y artículos y estoy terminando mi tesis. Por eso vivo vestida de negro y cuando te conocí sentí envidia, porque hubiera querido ser tan valiente como tú. Pero también por eso cuando te veo siento alivio, por ver que lo que yo imaginaba de adolescente no era solo un sueño.

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  2. Querido Bozzo, creo que has puesto palabras a una reflexión que en cierta medida todos los que alguna vez hemos soñado hemos tenido en lo más profundo de nuestro ser.

    No sé lo que pasa, no sé si España es un lugar terrible para el arte o no nos damos cuenta de que lo importante está fuera de las oficinas y los centros comerciales, no sé si en otro lugar podríamos dar rienda suelta mejor a ese sueño y vivir de lo que realmente nos hace felices. No lo sé. Y eso me entristece.

    Ponerse la sonrisa cada mañana y cargar la mochila de buenas intenciones esperando un cambio que no se produce es tan desalentador como agrio y es una realidad que vivimos muchos, al final unos cambian de sueños y no sé si con ello alcanzan la felicidad pero otros no los soltamos nunca consiguiendo que siempre haya algo insatisfecho en nuestro interior. Supongo que en ambos casos es una cuestión de superviviencia.

    Llevo dos años en los escenarios, sé que es muy poco tiempo, pero he tenido la sensación de que he gastado más energías en “luchar” contra lo establecido que en disfrutar realmente de lo que hago. Llega un punto en que el triunfo parece depender de las ventas que tengas, del público que arrastres, de lo conocido que seas. Siento que lo que creamos se diluye en un maremagnum de sinsentidos que nada tienen que ver con lo que puede llegar a transmitir, lo que nos ayuda a encontrar un camino, lo que en definitiva nos permite ser mejores y más felices personas. ¿Cuestión de educación? Tal vez. Está claro que en una sociedad capitalista se nos ha inculcado la idea de que las ventas, el dinero, el triunfo pasan por aplastar al contrario y situar nuestro “producto” por encima de los otros, tal vez no somos capaces de discernir que lo que hacemos no es un producto, es nuestra identidad como personas, como seres humanos que sale a relucir en forma de canción, poema, danza. Tal vez no lo diferenciamos porque nos hemos acostumbrado a lo predefinido, a lo reglado, a lo acostumbrado. Las leyes del mercado están rigiendo, queramos o no, nuestra sociedad y con ello se están llevando por delante el arte, el ingenio, las ganas de soltar amarras e ir contracorriente. Es triste que en ocasiones, los que se hacen llamar así mismos “mecenas” primen las leyes del mercado por encima de las del arte, o tal vez sólo se dejan llevar y no son capaces de salir de una espiral en la que no sabemos muy bien ninguno cómo hemos entrado.

    Salud y abrazos.

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      • Yo no quiero recaer en la marginalidad de hablar sin que me reconozcan. Pero haciéndolo desde mi escondrijo y con un porro en la mano es difícil que lo mío sea noticia. Para eso están los científicos de la información. Yo soy uno de ellos. Pero quien no lo es puede creerse todo lo que digo y es un peligro, porque detrás está el policía de la porra observando la farsa y juzgando farsamente sobre a quién echar al coche. ¡Bandido!. Digo que es difícil ser científico de la información y artista. Yo, desde que soy las dos cosas, me dan retortijones. Quiero que seáis buenos micos entre vosotros, que yo como padre de la vida observaré desde el cielo de mi mente cuánto os queréis. Besos mágicos. Y que no deje la palabra de dansar. 😉

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  3. Buenas noches,

    Me llamo Jorge y soy pedagogo (recién graduado). En primer lugar, felicitarte por el post. Creo que son tiempos duros para todos y leer tu post me hace ver que sigue habiendo personas con capacidad de lucha y de ganas de esforzarse. Me encantaría saber cómo te están yendo las cosas, en lo que al trabajo como pedagogo se refiere. Yo, desde mi perspectiva, ni mucho reconocimiento a nuestra labor ni muchas ofertas de trabajo para un recién graduado en pedagogía.

    Te deseo toda la suerte del mundo.

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  4. Hay dos formas de actuar: una es que todos actuamos en la vida; y otra es la actuación como profesión en la vida. Hay dos formas de música: una es la música de la vida que hacemos todos; otra es la música de quien se dedica profofesionalmente a ello en la vida. El problema (si es tal) está en transitar de la vida a lo profesional. Y saber hacerlo tiene su clave en no olvidar que uno por ser actor no deja de ser actor en la vida. Y que uno por ser músico profesional en la vida no deja de escuchar la música de todos. Creo que el secreto está ahí: no olvidar que mientras eres actor en un escenario eres un actor igual que cualquier otra persona del público (un actor en la vida); y que mientras haces la música que quieres que todos escuchen, no dejar de lado la música de la vida que hacemos todos.

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  5. Vengo simplemente a decir que esta reflexión es una versión, ligeramente distinta, a la que me hago yo mismo de vez en cuando. Cambiando pedagogo por operario de fábrica y con pocos cambios más.

    En mi caso, músico aficionado autodidacta. Tampoco he buscado nunca el “éxito”, entre otras cosas porque ya se sabe como está el patio en nuestro país. Me conformo con compartir las grabaciones que hago, bajo licencias Creative Commons, y poco más.

    Por cierto, ¿hay segunda parte de este escrito en proyecto? Es por estar pendiente.

    Saludos desde Valencia.

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      • Gracias, ameco. A veces danzan las palabras y no sabemos cómo pararlas. De todas formas me atrevo a decir desde mi escondrijo cobarde que la vida está hecha con arte y que a ver quién es el guapo que se atreve a erigirse en creador de arte en la vida para que todos los amecos admiren su obra. Ya sabemos que el mejor reconocimiento del artista es conseguir crearse a sí mismo y que el creador de todo esté confirme. Pero para otros las cosas son de otra forma. Gracias, migos, por vuestra actuación. Gracia, mijo.

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  6. …Si, has dado en la clave. España, desde siempre, ha renegado de sus artistas y creativos, solo cuando se respeta su arte fuera lo reivindicamos dentro, pero como con envidia. Yo soy ( era?) compositor, he tenido la suerte de vivir SOLO de mi trabajo durante mas de 30 años, premiado… En fin no voy a contar mi curriculum… Llego la crisis y ha arrasado con todo porque hantes había una ” industria” un hacer las cosas. Ahora todo esta desperdigado y huérfano. Cuando empece yo no queria , no creo que nadie de mi generación lo buscara como fin, dinero. Solo queríamos hacer cosas y teníamos los canales para hacerlo. aAhora tu eres “TODO por hacer” y vemos espejismos en la web, desiertos en la vida… No Hay publico que exija, No hay criterio, no hay educación formal… Con esas mimbres yo estoy deshauciado….. El arte será un premio o un anuncio de tv. Miro fuera con sana envidia cuando veo como se estima, quiere y respeta a los artistas. No hay este veneno ” rencoroso” por ¡haber tenido éxito en tu carrera!….. En fin “pa llorar y no parar amigo sonoro”. Gracias por esta reflexión.

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    • Gracias Sandra por tus palabras. Y si, yo también miro afuera y veo el respeto por los artistas. Por eso muchos tomamos por la opción de vivir en España y trabajar fuera. España es un gran sitio para vivir, el mundo un gran sitio para trabajar. 😉

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      • Gracias, Sandra. Gracias, meca. No sé quién eres, pero ya que has salido de tu nombre te diré que no es fácil cavar en roca. Y si insistes te romperás un diente. Es mejor pintarla para que parezca un colchón y el diente se lo rompan otros. Si eres ameca te doy dos besos. Arrivederchi.

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  7. Gracias amigo por compartir tus palabras y hacernos reflexionar. El Arte es necesario para la sociedad. Y se debería considerar también investigación. Mi opinión es que el Estado debe pues financiar a l@s artistas, al igual que financia a l@s investigador@s.

    Por supuesto tod@s debemos tomar conciencia. L@s músic@s debemos poner precio a la entrada de nuestras actuaciones. Cuando nos llevamos un porcentaje de la barra, el público piensa que está pagando por beber en un concierto gratis. Por ello es importante que pague por asistir a un concierto. Cuando nuestr@s amig@s vienen a vernos, no debemos pensar que les estamos “utilizando”, si no que les estamos cambiando nuestra bella música, que hace más feliz y dichosa su vida, por su bello dinero que nos permite vivir y disfrutar de la Vida.

    Como consumidores de música, debemos apostar por l@s nuev@s músic@s. Sinceramente, he de decir que ya casi no voy a macroconciertos, pues se puede disfrutar lo mismo o más en un buen concierto de un desconocido cantautor, aunque sí es triste decir que hace poco vi al maestro Gallardo del Rey interpretando el Concierto de Aranjuez por 10€ al lado de mi casa (un hombre que en USA llena el Carnegie Hall)

    Afortunadamente con Internet y las redes sociales cada vez las personas están tendiendo más hacia lo indie o independiente, lo crudo, lo que no necesita tanto Photoshop.

    Mi pregunta diaria, es qué puedo hacer yo. Creo que desde la Pedagogía podemos conseguir muchas cosas, de hecho sin darnos cuenta ya lo estamos haciendo. Nuestro reto en la sociedad de la información, es que aprendamos a discriminar, a ser crític@s y selectiv@s con esa información. Una de mis reivindicaciones es una Teleología de la Música. Debemos preguntarnos por qué, para qué hacemos música y qué mensajes queremos transmitir a través de ella.

    Te admiro amigo, eres toda una inspiración. ¡Sigue creciendo y multiplicándote! 😛

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  8. Gracias amigo. Después de que la virgen me despertara ayer a las 3 (de la siesta) para volverme a decir que el mundo está mal, (ya se me ha aparecido 2 veces, con esta última), me congratula ( y a mi tía también) ponerme en contacto con ustedes, videntes: Sandra, Pablo, Felipe y mi querida pero amiga Lucía para anunciarles a todos los músicos que hace tiempo atrasaron la hora y que eso no significa que también los músicos deban retrasar una hora el concierto. Por si no lo saben, todas las horas van en el paquete, no va cada una por su lado. Y ahora les transcribiré lo que la virgen (no me dijo cuál) me transcribió en su primera visita (hará aproximadamente 30 años): “Las almas están aquí. No hay silencio. En la atenta escucha podréis adivinar o averiguar cuál es vuestro papel. Y entonces se marcharán (las almas). Hay una que se siente mal cuando escribo delante de ella. Debe ser porque no es capaz por sí sola de resolver sus asuntos. Y pone resistencia a que otros la ayuden. Conozco tres de estas almas. Ninguna tiene teléfono…” Y esto es todo lo que me dijo la virgen. Y con esto me despido. Me despido con este es Bozzo y esperando que a ustedes, bellos les vaya muy bien.

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  9. Juli, te conocí en Madrid, probablemente no me recuerdes, tu concierto improvisado fue el único contacto artístico verdadero q tuve durante los casi 2 meses q pase allí, tu canto fue esencial. Yo andaba pérdida y buscando lejos de casa. Hoy volví a la Patagonia q me abriga. Por aquí, a veces, las cosas tambien se dan asi para quienes elegimos el camino del arte. Últimamente tiendo a mirar la otra cara de todo este impedimento, y ahí estoy yo, no por ser insuficiente en lo q hago, sino por no tener suficiente fe, por tener ambiciones, dudas, preámbulos… Porque a menudo saboteo mis propios planes, porq miro demás a los otros y me pierdo en la crítica a la vida externa, a lo q me rodea, a lo q falta. Y cuanto mas miro la falta, menos veo lo q tengo.
    Creo q al mundo le hace bien el arte, y todo lo q hacemos desde el corazón sana y sinceramente; y que, como en el amor, quien no tiene los ojos para verte y apreciarte q simplemente no te entretenga. Quizás hay otros ojos mirándote fija y conmovidamente.
    Abrazos y gracias por tus canciones.
    Pd. El sur te espera

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    • amiga!! claro que te recuerdo! cómo te va? Gracias por tus palabras y comparto todo lo que dices… el arte sino es para sanar… para qué? Para abrillantar ombligos? Un abrazo amiga nos vemos el Sur mágico del Mundo.

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